José María Codes «Dinámica política en las Cortes Generales; el día a día en el Congreso y el Senado»
El pasado jueves 17 de febrero de 2022 vino a visitarnos al Colegio Mayor Santillana, dentro de nuestro programa Héroe®, José Mª Codes. «Un tipo normal», como a él le gusta definirse, que es lo mejor (y más difícil) que se puede ser en esta vida.
Fotografía: Manuel Pérez
Eso dice mucho de uno de los letrados de las Cortes con casi 15 años de experiencia entre el Congreso y el Senado, al que exprimimos al máximo para que nos contara con detalle el día a día de algo muy conocido por fuera por todos los españoles, pero igualmente desconocido en cuanto a su funcionamiento interno.
Nos dejó claro que los diputados son personas, seres humanos, y que eso choca bastante, ya que no son como los vemos en los medios de comunicación. Trabajar codo con codo con ellos te hace ver que, aunque todos tengamos unas ideas políticas concretas, es fácil entenderse y tener buen trato con personas que tienen una sensibilidad política y vital muy distinta de la tuya.
Esto es muy interesante, porque te hace entender que es relativamente fácil llegar a acuerdos con gente distinta, y que la política por dentro es mucho más humana y sencilla de lo que parece.
El colectivo de diputados y senadores es como cualquier otro colectivo de este país (colegiales, policías, médicos…). Un ejemplo de ello es que, como en otros, te encuentras un 20% de personas excelentes, un 20% de personas que tienen que mejorar y un 60% de personas cumplidoras.
Sin embargo, nos contó también que algo característico es el equilibrio que deben mantener entre su vida pública y la privada, ya que en este último ámbito se pueden expresar de una manera que resulta imposible en el primero.
Por eso la política, como todos sospechamos, tiene algo de teatrillo, dialéctica y confrontación. El problema es cuando esa confrontación trasciende el congreso y se traslada a la sociedad. Es responsabilidad de los representantes públicos que la política no divida, que no destruya familias y/o amistades.
José María nos explicó el reto de hacer visible la acción de los lobbies. Es muy importante que el ciudadano sepa qué lobbies están detrás de las leyes que se aprueban, para que entiendan como se preparan, elaboran, negocian y aprueban dichas leyes.
Para que entendiéramos un poco mejor lo que quería decir, José María nos explicó el procedimiento legislativo y sus distintas fases:
Como las iniciativas legislativas llegan al Congreso y se envían a una comisión. (Hay las mismas comisiones que ministerios: Interior, Justicia, Sanidad… y están compuestas por un 10% de los diputados).
Como de esta comisión se nombra una ponencia (11 diputados que estudian las enmiendas de los letrados a puerta cerrada, para que se puedan expresar con libertad y lleguen a acuerdos).
Y como se presentan las iniciativas al pleno del Congreso para votarlas (aprobándolas o rechazándolas).
Nuestro invitado continuó explicándonos el origen del parlamentarismo en el siglo XIX, un origen en el que el parlamentario individual tenía mucha fuerza y provocaba una gran inestabilidad (por ejemplo, fue una de las causas del fin de la república de Weimar y el comienzo del nazismo).
Esta inestabilidad generó la necesidad del fortalecimiento de los grupos parlamentarios frente al parlamentario individual. Como todo, tiene cosas buenas, pero también negativas, por ejemplo, la ausencia de libertad individual. (Como reflexión nos dejó lo interesante que sería que hubiera libertad de voto en cuestiones de conciencia).
Nos habló también del interés mediático por desprestigiar la labor de los políticos. Se nos hace ver que no hacen nada con el objetivo de generar un desapego a la política, teniendo estos medios una gran responsabilidad en la polarización social actual, donde la gente ni siquiera quiere escuchar una opinión diferente a la suya.
Esto puede derivar en un totalitarismo democrático, una anulación de la libertad del ciudadano, una sociedad de borregos sin ningún espíritu crítico. Y es que en la sociedad hay una gran resistencia a aprender siendo esto muy grave, porque la ignorancia es mala, pero el deseo de mantenerse en ella es aún peor.
Sin embargo, puso en valor lo importante que es la vida pública para el avance de nuestra sociedad y como nuestros representantes deben ser motores de cambio: responsables, honorables y honrados.
José María animó a los jóvenes a serlo y manifestó su confianza en el potencial de la juventud actual, mucho más educados en inteligencia emocional, imprescindible para entender las necesidades de los demás. Nos invitó a ser valientes y no tener miedo, ya que este no puede ser el motor de cambio de nada.
Muchas gracias por todo lo que nos dejaste, José María, ojalá no tengamos miedo y podamos, cada uno en el rol que elijamos, recuperar el prestigio de la política y la democracia, siendo unos auténticos Héroes en la sociedad que construyamos.
Luis Huete «Life Management | 5 ideas para el éxito profesional + logro personal»
«En la vida es necesario tener suerte, pero cuanto más te trabajes, más tendrás».
Así comenzó su intervención el pasado 10 de febrero de 2022 Luis Huete; una gran sesión que nos llenó de energía, ganas y herramientas para comenzar a luchar por lo que deseemos conseguir en nuestra vida.
Luis nos invitó a mirar al futuro con ilusión y romper con la tradición española de mirar al pasado, ya que eso lastrará nuestra acción. Y de manera muy directa y ejecutiva (como es él) nos dejó un buen puñado de claves de cara a construir nuestro futuro.
Fotografía: Rafael Parra
Por ejemplo, las 4 áreas que, a su juicio, debemos desarrollar para emprender con éxito:
Tener determinación para ejecutar.
Ser riguroso administrando.
Cultivar una gran sensibilidad humana para integrar (respetar para construir relaciones y hacer equipos).
Trabajar la creatividad para innovar.
Y es que debemos desarrollar en una figura los tres roles clave de un proyecto emprendedor:
Un artista, alguien con vocación de ser el que más sabe sobre un tema para crear algo nuevo.
Un emprendedor, que le guste y sepa vender lo que el anterior ha creado.
Un gestor que administre los recursos para crecer y ser sostenibles.
Luis nos ilustró con el ejemplo de Apple, donde Wozniak desempeñaba el primer rol, Jobs el segundo, pero no había gestor. Curiosamente, cuando entró el tercer rol en la compañía, fue el momento en el que prescindieron de Jobs (aunque posteriormente volvería para crear el mito).
Más allá del emprendimiento, Luis nos invitó, si queremos tener éxito, a desarrollar un fuerte sistema de creencias que permita que te lo creas, te ayude a ser resiliente, promueva tus ganas de hacer cosas y te ayude a diseñar tu proyecto de futuro, ya que…
«Lo que el corazón desea, la cabeza lo encuentra»
Cuando quieres hacer algo, tu cerebro se encarga de encontrar las personas necesarias para tu proyecto, pero para eso te tienen que conocer y valorar, además de continuar aprendiendo y conseguir no hacer, sino que otros hagan las cosas bien.
He aquí una gran paradoja, ya que para llegar arriba debes tener mucho empuje y controlar, pero una vez que has llegado debes aportar una visión y crear un equipo con capacidad para ejecutar.
Luis, en su exposición, hizo mucho hincapié en el desarrollo de las relaciones personales, en rodearte de gente que nos pueda ayudar y estar en el entorno adecuado.
También nos recomendó trabajar muchísimo en nosotros mismos: leer mucho, hacer deporte, movernos, visitar cuantos más sitios y lugares mejor y conseguir hacer cosas, a priori, impensables.
Y es que debemos desarrollar una gran seguridad en nosotros mismos, porque todos tenemos dos relatos en la cabeza: el self afirmative y el self doubter.
Esto no va de que te quites el segundo (los miedos e inseguridades), sino que lo utilices para alimentar el relato poderoso del primero: porque soy débil, me voy a hacer fuerte; porque me pueden hacer daño, me voy a proteger. Por eso es muy importante tener claro que no basta solo con el relato, sino que hay que pasar a la acción, prepararse y trabajar.
Esto en la sociedad actual tiene una complicación añadida, ya que debemos movernos por gratificaciones a largo plazo, en lugar de las de corto plazo que nos ofrece el mundo presente. Pero Luis nos animó a ir contracorriente y construir un verdadero y potente proyecto de vida. Si solo nos quedamos con las recompensas a corto plazo, no llegaremos a lo verdaderamente trascendental.
Para conseguirlo nos animó a obtener la energía que necesitamos de cuatro grandes fuentes:
Física. Hacer ejercicio aeróbico, anaeróbico, descanso y alimentación.
Emocional. El corazón es un músculo y hay que ejercitarlo para que se haga grande. Hacer voluntariado, ayudar a gente, proteger al débil…
Espiritual. Tener un sentido de propósito en la vida, un sentido de trascendencia, un deber de hacer que el mundo sea mejor.
Muchas gracias, Luis, por todo lo que nos has aportado. Estamos seguros que, si conseguimos trabajar equilibradamente estas cuatro fuentes de energía y seguimos tus consejos, tendremos éxito en la construcción de nuestro proyecto de vida para ser unos auténticos Héroes.
«Durante buena parte de mi vida no supe qué hacer».
Con una introducción tan impactante comenzó Javier Muñoz, director de Jana Producciones, la sesión formativa del programa Héroe® del Colegio Mayor Santillana el pasado 27 de enero.
Fotografía: Rafael Parra
Y nos impactó porque un elevado porcentaje de universitarios sentimos que aún no hemos encontrado nuestro lugar en el mundo, y todavía más alto si de lo que hablamos es de nuestra vocación o ilusión profesional.
Por eso escuchamos atentamente a Javier contarnos cómo, a pesar de que le gustaba la música, celebraba conciertos de pop-rock y exploraba el arte y la belleza, decidió que era bueno tener un plan A y por eso estudió económicas, ya que «algo tenía que hacer».
Nos llamó mucho la atención cuando nos dijo que le encantaba financiar maquinaria industrial (en su época de director financiero) o que disfrutaba muchísimo en su posterior labor de director de RRHH, y es que estamos acostumbrados a escuchar testimonios de profesionales a los que no les gustaba lo que hacían en su vida y decidieron dar un giro de 180 grados.
Javier, aunque era feliz, quería profundizar más en el arte y la música. Y así fue como promovió la realización de una obra de teatro en el colegio Peñalba de Valladolid. Aprovechando eso de que «se hace camino al andar», mientras la estaban preparando vieron que era ciertamente aburrida y decidieron «resetear» y comenzar desde cero, pero con un nuevo enfoque: un musical, al que llamaron «Antígona tiene un plan».
Aún no se sabe muy bien quién ni cómo, pero «alguien» grabó esa obra en una cinta de vídeo que, casualmente, acabó en las manos de Emilio Aragón, quien, al verla, fue a hablar con el director de Tele5 y este les convenció (después de una divertida anécdota en la que Javier creía que este ejecutivo era un amigo que le estaba gastando una broma) para realizar el musical en Madrid.
Y, llegados a este punto, nos preguntamos, ¿cómo ha conseguido, un feliz director financiero y de RRHH que no tenía ni idea de música, componer 8 musicales?
Fue el mismo Emilio Aragón quien le convenció para que se dedicara a este noble arte de los musicales (vio claro su talento), y Javier así lo hizo; lo dejó todo para crear una productora teatral.
¿Creéis que tuvo éxito?
Todo lo contrario. El primer año se quedó sin todos sus ahorros, e incluso se endeudó hasta las cejas, pero él y sus socios decidieron apretar los dientes, seguir adelante y jugársela todo a una carta. En un teatro que les costaba 6.000 Euros al día, crearon un musical que se llamó «En nombre de la Infanta Carlota». ¿Sabéis qué ocurrió? Un éxito rotundo, que logró 3 funciones diarias y un público que venía de toda la geografía española.
Javier recordaba con orgullo cómo de esos musicales surgieron actrices top de la escena actual, como Macarena García (Premio Goya) o Cristina Llorente (protagonista de Ghost, primera protagonista blanca y rubia de El Rey León). Y es que tenían muy claro que sus actores y actrices no se quedarían con ellos mucho tiempo, ya que Jana (su productora) es una plataforma hacia el estrellato.
Por eso, después de que la cosa comenzara a funcionar, y tras varios espectáculos, decidieron crear una de las primeras escuelas de musicales en España. Ahora tienen más de 1.100 alumnos en España, Latinoamérica, USA… Y es que, como nos dijo Javier:
«Todo lo que quieras, si peleas y te formas bien… es posible».
Además de este mensaje motivador de lucha y fuerza, Javier consiguió inspirarnos cuando nos contó su más íntima motivación para hacer lo que hace, y es que, según el director:
«El arte y la belleza pueden salvar la parte más sucia de la sociedad».
En la recta final de la sesión, nos contó cómo es la trastienda de un musical: todas las personas, oficios y profesionales que trabajan coordinadamente para hacerlo posible y el sinfín de aspectos que tienen que funcionar como un reloj para que el musical resulte bien. Esto nos enseñó a valorar debidamente la obra que vayamos a ver, a disfrutarla y a «introducirnos» en las historias creadas para nosotros.
Y, para terminar, Javier nos regaló una frase única, que nos resultará muy útil para reflexionar:
«En todos los lugares en los que estemos nos vamos a encontrar 2 caminos; en nuestras manos está elegir el correcto».
Muchas gracias, Javier, por todo lo que nos enseñaste. Seguro que nos servirá muchísimo para afrontar las batallas de la vida en las que, como sabiamente nos dijiste, «algunas veces ganaremos y la mayoría perderemos».
José Luis Hernández «Escribir el mundo, soñar la Historia; claves del oficio literario».
Uno de los principales retos de los escritores al finalizar una obra es encontrar el título que resuma, en pocas palabras, la esencia sin dejarse nada y, encima, que resulte atractivo a los lectores. Esa tarea se convierte, a menudo, en una compleja negociación con los editores, ya que ambos ven el libro desde distintos puntos de vista.
Fotografía: Rafael Parra
Sin embargo, el título del coloquio que mantuvimos con José Luis Hernández el 20 de enero de 2022 dentro del programa Héroe® del Colegio Mayor Santillana fue fácil de elegir, ya que resume lo que significa la literatura y la Historia para este autor.
Y es que José Luis visualiza lo que lee, lo vive como una película y se pone en el lugar de esos personajes para poder sentir cómo vivieron las guerras, las conquistas, las luchas de poder…
Nos contó con gran brillo en sus ojos cómo aprendió a amar la literatura gracias a un puñado de excelentes profesores que supieron mostrarle todo un «universo» hasta entonces desconocido para él, ya que en su casa no había tradición lectora. De igual manera, sus profesores de Historia supieron dar en la diana con su otra pasión al mostrarle el camino que debía recorrer para convertirse en lo que ahora desarrolla profesionalmente: unir ambas disciplinas y emplear la literatura como vehículo para divulgar la Historia (o servirse de la Historia como canal para llevar la literatura a un mayor número de personas).
Con un pequeño sentimiento de frustración nos constató que, en la actualidad, y fruto de la velocidad e inmediatez en la que vivimos y lo queremos todo, hemos dejado de observar nuestro entorno, de tener un libro en nuestras manos, o de pararnos a pensar….
Nos recordó lo gratificante que es leer una buena historia y lo que nos estamos perdiendo si no disfrutamos de ese regalo que la vida nos ofrece. Además, la generación actual puede ser la última en publicar en papel, así que…
Pero la parte más interesante de su discurso fue cuando nos contó con detalle cómo es el oficio de un divulgador histórico. Debe ser mucho más riguroso que un autor de ficción, pero no por ello aburrido, para nada. Y es que José Luis intenta contarnos la Historia de una manera amena, que es como a él le gusta que se la cuenten ya que así consiguieron despertar en él las ganas de compartirla, a su vez, con los demás.
¿Y eso cómo se consigue? Su truco es utilizar personajes, muchas veces secundarios y casi siempre antihéroes, para contarnos la Historia en torno a ellos. Por ejemplo, a través de la historia de cuatro presidentes asesinados y múltiples intentos en todas las presidencias, nos explica, en su obra Magnicidio, la cultura americana de conspiración contra el poder.
José Luis utiliza su influencia para poner voz a historias que no han sido apenas contadas. Por eso colabora con programas como Cuarto Milenio, en el que expuso aspectos como «el caso de los soldados sin rostro»; hombres que, en la Primera Guerra Mundial y debido a las heridas graves de guerra, perdieron parcial o totalmente su rostro. Estos hombres no solo sufrieron secuelas físicas o psicológicas, sino también el rechazo y la repudia de la sociedad y de sus propias familias al volver a casa no cómo héroes sino como monstruos mutilados y desfigurados por los horrores de la contienda.
Por último, enfatizó la relevancia de conocer más nuestra Historia, de la que no sabemos demasiado, y analizarla con rigor y objetividad, entendiendo el contexto de cada época sin mirarla desde nuestra sociedad actual. Debemos estar orgullosos de lo que somos y de lo que hicimos y no avergonzarnos por ello, sino poner en valor nuestro pasado.
Muchas gracias, José Luis, por todo lo que nos aportaste y enseñaste. Ojalá algún día consigamos hacer Historia y que alguien escriba sobre nosotros para que otros muchos lo lean.
Juan Mateo Díaz «Más Kant y menos Trump; la decisión de negociar»
«Si hay algo que hacemos durante toda la vida, es negociar. Da igual a lo que te dediques. Todo el mundo tiene conflictos y tiene que llegar a acuerdos, porque uno no tiene lo que se merece, sino lo que es capaz de negociar».
Fotografía: Rafael Parra
De esta manera comenzó su intervención Juan Mateo en su visita al Colegio Mayor Santillana el pasado jueves 9 de diciembre de 2021. Y es que se nota que se dedica a formar en cómo negociar. Nada más empezar nos dio lo que queríamos: una sesión llena de experiencia, aprendizaje y mucha utilidad.
Juan nos enseñó que debemos dejar de sentir los conflictos como algo negativo, ya que son inherentes al ser humano. Es imposible no tenerlos y son necesarios para avanzar. Si nadie se opone a lo que yo pienso, todo permanecería igual. Solamente cuando alguien no piensa como yo, mi cabeza comienza a buscar nuevos argumentos, nuevas posiciones, nuevos pensamientos.
Entonces, si el conflicto es positivo, ¿por qué tiene mala fama? Porque no sabemos manejarlos y eso hace que, cuando surgen, la situación acabe mal.
Debido a eso nos animó a entender la negociación como una forma de vivir, una forma de pensar. Aunque la negociación tiene mucha técnica, nos la tenemos que creer y tiene que formar parte de nuestro comportamiento diario; debemos incorporarla a nuestra forma de ser.
Pero ¿por dónde empezamos?
Por algo muy básico, muy simple y que hacemos muy poco: «Negociar es, básicamente, escuchar. Si escuchas al otro, tienes la capacidad de entenderle».
Para ilustrar esto nos explicó que la capacidad de escucha es la principal cualidad que la universidad de Harvard destacó en un estudio propio sobre la excanciller AngelaMerkel. Después de entrevistar a los líderes mundiales con los que había tenido relación, la inmensa mayoría destacaba de ella la gran capacidad de escucha que había desarrollado en su carrera política y que esa circunstancia es la que le había permitido llegar a acuerdos que, muchas veces, se creían imposibles.
Los mortales pensamos que debemos afrontar una negociación hablando mucho para persuadir al otro; para que nos dé algo a cambio de nada. Y ahí cometemos nuestro primer gran error, ya que una negociación es conseguir algo a cambio de algo.
Para ello debo conocer dos cosas: en primer lugar «qué quiero yo», y en segundo lugar «qué quiere el otro». De esta manera puedo trabajar para conseguir lo que yo quiero a cambio de lo que quiere el otro.
Otro factor fundamental es desarrollar la capacidad de entender al otro sin juzgarle.
«Negociar no es un acto de generosidad, es un acto de inteligencia egoísta».
Esto que puede parecer muy lógico, en la práctica se complica, ya que además de no escuchar y prejuzgar, se nos disparan las emociones y es cuando todo se va al traste. ¿Y qué conseguimos?, perjudicarnos a nosotros mismos porque, en contra de lo que normalmente pensamos, «negociar no es un acto de generosidad, es un acto de inteligencia egoísta».
Una negociación es un juego estrictamente colaborativo, y en este se debe ganar sin vencer al otro. De ahí viene el famoso WIN-WIN. Si no ganamos los dos, la negociación no es posible. Nuevamente encontramos un grave problema de concepto que hace muy difícil negociar: nos han enseñado «juegos competitivos» en los que el objetivo era que uno gane (a ser posible nosotros) y otro pierda. ¿Cómo vamos a poder cambiar el chip de un día para otro?
Uno de los recursos técnicos que podemos usar es «falsar» mi opinión, pensar «en qué estoy equivocado». Y es que nos encanta que nos digan lo altos y guapos que somos y que siempre acertamos, pero si de verdad queremos crecer, deberíamos rodearnos de personas que no nos concedan siempre la razón. Debemos buscar esa persona capaz de demostrarnos que estoy equivocado. Para eso necesitamos tener una personalidad enormemente fuerte, capaz de admitir que nos equivocamos. Ahora piensa, ¿estás realmente preparado para dar este paso?
Si tienes una persona de confianza que te diga en qué te equivocas y eres capaz de admitirlo, en ese momento comenzarás a saber negociar.
Una vez que hayamos dado este primer paso nos queda todo un mundo por descubrir hasta que, de verdad, sintamos la negociación como nuestra forma de vida. Porque en una negociación, el 80% del éxito es prepararla y luego preguntar, escuchar, preguntar, escuchar… hasta que encuentras el camino.
¿No te convence lo que contamos? Entonces, como bien nos dijo Juan, levántate y vete, no sigas leyendo este artículo, pero antes de hacerlo piensa… Si rompo contigo… ¿Qué me queda? ¿Tengo alternativa? Es la primera pregunta que debes hacerte en cada negociación para ver si tienes que seguir negociando o te levantas y te vas. Y la siguiente pregunta que debes hacerte es… Si él rompe conmigo, ¿qué le queda?
Porque una negociación es un problema de alternativas, y eso fue lo que Juan nos ha ofrecido en su magnífica charla, una alternativa a la vida de discusiones y de querer llevar la razón. Tú decides si hemos descubierto lo que quieres. Si eres honesto contigo mismo, seguro que en este preciso instante estás sonriendo y asintiendo, en caso contrario, no importa demasiado porque no habrás terminado de leer este artículo.
¿Alguna vez habéis pensado: «Ojalá tuviera un poquito más de tiempo para…?»
Vivimos con la sensación de no tener tiempo para hacer todo lo que queremos hacer. Sin embargo, a nuestro alrededor hay personas que viven relajadas, hacen un montón de cosas y son súper productivas. ¿Cómo lo hacen? ¿Tienen un reloj para parar el tiempo? ¿Viven en un universo paralelo donde los días tienen 36 horas?
Fotografía: Rafael Parra
A eso se dedica Curro Castillo, especialista en enseñar a la gente a tener ese «ratito más». Y no tiene una máquina que desdoble el espacio/tiempo sino que, con organización, buenos hábitos y unos cuantos trucos es capaz de conseguir que los profesionales trabajen mejor, menos tiempo y con mejores resultados, pudiendo dedicarse más a su familia, a sus aficiones a… lo que quieran.
A eso vino al Colegio Mayor Santillana el pasado jueves 25 de noviembre de 2021, a contarnos su «secreto». ¿Queréis saberlo? Pues vamos allá.
Para descubrirlo tenemos que intentar comprender cómo un estudiante de derecho sin vocación ni ganas, después de volver de Inglaterra donde viajó para perfeccionar el idioma, acabó trabajando en una consultora de esas que en los años 90 del siglo pasado se decía que si entrabas tenías tu futuro profesional asegurado. Lo que no le contaron fue la letra pequeña: jornadas de 16 horas diarias, mucho aprendizaje profesional, trabajo y esfuerzo ingentes, pero una inexistente vida personal que le impedía incluso afianzar una relación sentimental. No se dio cuenta de todo ello hasta que le abandonó la tercera novia consecutiva por el mismo motivo: solo tenía tiempo para su trabajo.
Después de varios cambios de empresas en los que «refrescaba su conciencia» trabajando un poquito menos (12 horas en lugar de 16), en noviembre de 2009 tomo la decisión de dejar de trabajar y embarcarse en un proyecto para construir una réplica de un galeón del s. XVII junto con otras 200 personas. Una vez terminada la construcción no se podía quedar ahí y se fue a estrenarlo en un viaje de Sevilla a Shangai que acabaría durando 5 meses. Ese viaje «idílico» (que, en realidad ha sido el trabajo más duro de su vida; por ejemplo, para izar la vela mayor hacían falta 14 hombres), le aportó mucho, pero, sobre todo, TIEMPO para pensar y tomar la decisión de no volver a su vida anterior.
A partir de entonces se especializó en «gestión del tiempo» y comenzó su carrera en el terreno de la productividad. Una de las primeras cosas que aprendió fue que carecía de hábitos y metodología para trabajar bien y que no las tenía porque nunca se las habían enseñado.
Pero ni a él ni a ninguno de nosotros nadie nos enseña a trabajar. Cuando empezamos lo hacemos en función de lo que vemos y sin darnos cuenta vamos adquiriendo hábitos por imitación. El problema es que muchos de esos hábitos son nefastos.
Hábitos como dormir adecuadamente, no usar el móvil antes de acostarse o cómo gestionar las constantes distracciones durante el estudio o trabajo, son fundamentales para ser productivos. La atención es nuestro mejor activo y es en los momentos de atención plena, es decir, cuando estamos con una única herramienta delante y sin elementos distractores, cuando somos más productivos.
Otro ejemplo de mal hábito es la procrastinación. «Gracias» a ella tenemos una falsa sensación de control, pero realmente estamos aplazando tareas que, a la postre, se convierten en graves problemas.
Después una larga lista de consejos para comenzar las tareas que no queremos hacer, dejar de trabajar en el momento adecuado y tener un descanso, o cómo distinguir entre tareas banales o de alto impacto, todos los asistentes nos dimos cuenta de que podemos hacer mucho más (o empezar a hacer algo) en lo que a productividad personal se refiere.
Muchas gracias, Curro, por tus enseñanzas. Nos apuntamos en nuestra libreta (como nos has enseñado) que debemos trabajar para ser más productivos y nos proponemos decir «no» a todo eso que nos roba ese bien tan preciado que tenemos y que no valoramos como se merece, «nuestro tiempo» … por lo menos hasta que se invente una máquina para pararlo.
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