Puede que muchos de nosotros pensemos que la adicción a las drogas es cosa de jóvenes marginales que ya desde niños no fueron por buen camino, tendiendo irremediablemente a lo que parecía un destino escrito. Nada más lejos de la realidad. También erraríamos si pensáramos que a nosotros nunca nos podría pasar ya que somos más inteligentes, sabemos cuáles son, qué riesgos entrañan y cómo consumen los que se enganchan. Incluso puede que lleguemos a pensar que, a pesar de llegar a probarlas un día, sería para disfrutar un rato y nunca, nunca nos llegaríamos a enganchar.
Fotografía: Rafael Parra
Pues eso mismo pensaba Sara y, si le hubieras preguntado todo lo anterior hace 20 años te habría dicho lo mismo: que a ella nunca le iba a pasar, porque Sara es de buena familia, estudió en buenos colegios, disfrutó de una formación humana integral… Pero Sara cayó, y vaya si cayó.
Para contarnos esa caída y posterior recuperación vino a visitarnos el pasado jueves 27 de octubre Saruka, que así es como le llaman sus amigos, dentro de las sesiones de formación de nuestro programa Héroe® de excelencia personal.
Sara lleva ya 6 años limpia, pero su descenso a los infiernos comenzó cuando tenía 40 años. Una serie de problemas de autoestima y un poco (bastante) de dependencia emocional de otra persona, favorecieron que buscase la «satisfacción» inmediata en las anfetaminas, adentrándose en un submundo del que le costó salir más de 8 años.
Al darse cuenta de que la gente que la quería no le iba a permitir que destruyera su vida, decidió alejarse de todo, cambiar de entorno y amigos e incluso separarse de su familia.
Aun así, pensaba que «controlaba» y que lo podía dejar cuando quisiera. Llegó a tal punto de adicción que lo máximo a lo que pudo aspirar fue a cobijarse en un trastero durante 7 meses donde las condiciones de higiene y salubridad os podéis imaginar cuáles fueron. Esto provocó que se le cayeran dientes, llegando a una situación tal, que solo podía acabar de una de las siguientes maneras:
En un centro psiquiátrico por los problemas mentales que provocan las drogas.
En prisión, ya que delinquía habitualmente para poder consumir.
Muerta, algo muy común dentro de los drogadictos.
Sara tenía momentos de lucidez donde se preguntaba… ¿Qué voy a hacer con mi vida? Pero la realidad le llevaba de vuelta al círculo vicioso de las drogas, donde incluso el sufrimiento de saber que estás acabada te lleva de nuevo a ellas para evadirlo.
Sin embargo, tuvo la suerte de que todo se alineara cuando una amiga llamó a su puerta en el momento justo en el que ella estaba dispuesta a escuchar (si lo hubiera hecho en cualquier otro momento no la habría hecho caso). Gracias a ella dio el primer paso, fue al médico a pedir ayuda y accedió a «Proyecto hombre». Pero solo fue el primer paso, porque aquí comenzó un largo período de tres años con varias fases de desintoxicación:
Al principio le proporcionaron pautas médicas y de terapia, pero no fue fácil llevarlas a cabo al no saber cómo gestionar emociones y sentimientos sin hacerse daño.
Siendo consciente de lo anterior, acudió a la unidad de desintoxicación de un hospital donde, tras pasar tres días dormida, comenzó a sentirse bien y a participar en grupos donde comenzó a hablar y abrirse a los demás.
Volvió a «Proyecto hombre», asistiendo a terapia 8 horas al día, de lunes a viernes. Sin embargo, seguía sin saber gestionar su ocio y tiempo libre.
Había que cortar de raíz y le propusieron ir a una comunidad terapéutica: una casa en el campo donde 50 personas drogadictas conviven con 14 profesionales que trabajan para que se desintoxiquen: les cuidan y hacen terapia 24 horas al día. Allí comenzó a parar, hablar consigo misma y conocerse. En este punto le daba muchas vueltas a la cabeza pensando en… ¿Cómo has acabado así? Su objetivo era conocerse mejor para cambiar sus hábitos de conducta; ¿Por qué actúo así si no quiero actuar así?
Después de 11 durísimos meses, volvió al centro de día y comenzó otra fase, la de reinserción, en la que aprendió a gestionar el ocio y el tiempo libre, lo que le permitió huir de las situaciones de riesgo.
En un mes de diciembre salió de la comunidad y fue en mayo del año siguiente cuando, tres años después de comenzar el proceso de desintoxicación, le dieron el alta e hizo su fiesta de «graduación» a la que asistieron más de 50 personas.
Una de las consecuencias de haberse desintoxicado es que pasó de no hablarse con nadie de su familia a tener muy buena relación con 8 de sus hermanos. Otra, nada desdeñable, es que ahora tiene un objetivo en la vida, que no es drogarse ni conocerse sino compartir su experiencia con los jóvenes para que no cometan los mismos errores que ella. Pero como sabe bien que nadie escarmienta en piel ajena, también les ruega que, si por un casual lo hicieran, si cayeran en las drogas, que no tarden tanto tiempo en salir y que al primer momento de lucidez pidan ayuda.
Algo que nos dejó muy claro Saruka es que cuando uno se droga, el único responsable es él mismo. La culpa no de los demás, ni de la vida, ni de los problemas que tengas. La solución siempre está en buscar recursos para afrontar los problemas, por eso no debemos olvidar que la droga no es un juego y que nuestra vida está en riesgo si no las sabemos evitar.
Sara nos habló con cierta pena cuando nos dijo que ojalá hubiera tenido la oportunidad de realizar todo el proceso de crecimiento personal que desarrolló en la comunidad antes de haber caído en las drogas, ya que, entonces, su vida hubiera sido muy distinta.
Gracias Sara por ese último mensaje. Nos quedamos con el encargo de seguir formando a nuestros colegiales y mostrarles un camino de crecimiento dotándoles de herramientas para afrontar, con coraje, alegría y determinación, lo que la vida les depare. Ojalá puedan llegar a tener vidas plenas en la que cada día luchen por alcanzar la mejor versión de ellos mismos y que su única droga sea hacer el bien, allá donde vayan.
No dudes que, lo conseguiremos, porque como tú bien dices: «todo llega si se hace con trabajo, corazón e ilusión».
Una de las virtudes que más apreciamos en Santillana es la humildad. Y mucho más en estos tiempos en los que prima aparentar, el postureo y las vidas perfectas; algo tan peligroso que puede hacer que nos vengamos abajo anímicamente y pensemos que somos los únicos del mundo que no somos perfectos y felices, cuando, en realidad, la vida se conforma de cosas buenas y no tan buenas, retos, desafíos, oportunidades…
Fotografia: Rafael Parra
El pasado jueves, 20 de octubre de 2022, vino a visitarnos a Santillana una persona realmente humilde, Leopoldo Abadía. Se trata un gran profesional que ha hecho de la humildad su marca profesional pues, en esta etapa de su vida, sigue preocupándose por hacer entender de una manera sencilla, aspectos bastante complejos del contexto y entorno socioeconómico.
Y decimos en esta etapa porque Leopoldo, a sus 89 años, tiene tras de sí una larga y exitosa carrera profesional, aunque el éxito mediático le llegara a los 75. Fue en ese momento cuando comenzó a aparecer en los medios y explicar, como nadie, la crisis del 2008. Esta fama televisiva le ha llevado a impartir más de 1.000 conferencias, realizar otras tantas entrevistas, escribir 12+1 libros, ya que el último verá la luz en los próximos meses –vendió más de 150.000 ejemplares del primero– y convertirse en un fenómeno mediático.
Sin embargo, ese éxito no es fruto de la casualidad, sino de un duro trabajo que comenzó el 14 de septiembre de 1963, cuando acompañado de su mujer y 3 hijos (ahora tiene 12) se fueron a Boston a aprender algo que se realizaba en la Universidad de Harvard. Allí se dedicó a investigar el modelo «máster» para introducirlo en España a través del IESE. Es decir, este extraordinario «humilde profesor» fue uno de los responsables de que en España los másteres se hayan convertido en una formación superior.
Pero Leopoldo no vino ayer a hablarnos de él, sino de la actitud que debemos tener ante las dificultades de la vida en general y las crisis económicas en particular. Por eso su charla se llamó «sonriendo bajo la crisis» en clara alusión a esa misma actitud de un febril (39 grados de temperatura cuando grabó la escena) Gene Kelly en su famoso número de «cantando bajo la lluvia» donde, pasara lo que pasara, no perdía la sonrisa ni el espíritu optimista.
Nuestro invitado nos explicó cómo, según lo que él piensa, estamos entrando en una época de estanflación, caracterizada por una acusada subida de los precios y un decrecimiento del PIB. Y decimos técnicamente, aunque no hayan transcurrido 2 trimestres consecutivos de decrecimiento del PIB, ya que lo que está claro es que los precios están subiendo y las familias «no llegan».
Entonces, con este panorama… ¿Cómo va España? ¿Llegará el fin del mundo? Para responder a esto, Leopoldo nos invitó a analizar 3 aspectos fundamentales:
El déficit. Gastar más de lo que ingresas (como han hecho Leopoldo y su mujer toda la vida 😊, a pesar de lo cual han tenido una vida feliz, con 12 hijos). A España le ocurre esto, gasta más de lo que ingresa.
La deuda. Como gastas más de lo que ingresas, si quieres cuadrar las cuentas te tienes que endeudar. El problema no es la deuda, que podemos prorrogar indefinidamente, sino los intereses de dicha deuda, ya que hay que pagarlos cada año y en un entorno de alza de tipos de interés, se pueden disparar.
El paro. En este aspecto, sin embargo y en comparación respecto a 2008, estamos mucho mejor. Hay trabajo y, aunque ese empleo sea precario, es mejor trabajar precariamente que no trabajar.
Otro aspecto que analizamos fueron las pensiones. Nos ayudó a entender nuestro sistema actual de reparto, en el que los trabajadores actuales pagan la pensión de los jubilados actuales y al que vaticinó un futuro muy complicado por dos motivos:
«Los jóvenes no tienen hijos». Tenemos un grave problema de natalidad que hace que la población se envejezca.
«Los viejos no se mueren no a tiros». El aumento de la esperanza de vida hace que cada vez haya más personas de la tercera edad cobrando una pensión durante más tiempo.
Si combinamos ambos elementos nos damos cuenta de que cada vez hay menos personas trabajando para pagar a más personas cobrando una pensión, por lo que el sistema no es sostenible a largo plazo como no realicemos notables modificaciones.
Bueno, y ahora que hemos visto el panorama, ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Cómo convertimos esa actitud en medidas concretas para ser como Gene Kelly? Leopoldo nos dio una batería de consejos que, a buen seguro, nos pueden ayudar:
Tener optimismo. No quiere decir que actuemos como si no pasase nada, sino que hay que luchar con uñas y dientes para afrontar lo que venga. «Cuando alguien con el que estamos comience a contar cosas malas, hay que cortarle… como sea. Prohibido quejarse. Prohibido achantarse».
Tener criterio. Construir un plan para salir de la situación y hacernos un par de preguntas: Este plan, ¿cuánto costará? ¿De dónde sacaremos el dinero?
Prudencia y austeridad. Gastar con la cabeza.
Trabajar y esforzarnos.
Ser innovador y no aferrarnos a lo que no funciona.
Pero Leopoldo nos dejó claro que lo más importante es lo siguiente:
«Si trabajas mucho, si ayudas a los demás y si eres leal, probablemente te irán las cosas bien, porque serás mucho mejor persona. Y esto es lo que realmente importa».
En definitiva, que tengamos un plan para nuestra vida. Nos lo dice una persona que ha dedicado su carrera a enseñar a planificar a miles de personas y empresas y que dice que, a pesar de eso, ha vivido su vida sin planificarla, solo con un poco de criterio y sentido común.
Leopoldo, y esta es mi opinión, es un especialista tan grande en planificación que le ocurre como a los grandes comunicadores: dan la impresión de estar improvisando cuando lo que hay detrás es un intenso y excelente trabajo.
Muchas gracias por todo lo que nos enseñaste Leopoldo. Ojalá algún día podamos, como tú, llegar a hacer que parezca sencillo algo tan difícil como es sonreírle a la vida y afrontar con tu optimismo las dificultades.
«No tengáis prisa, por nada, ni siquiera por saber lo que queréis ser»
Fotografía: Rafael Parra
Con este consejo comenzó la sugerente sesión de Laura Riñón el pasado jueves 13 de octubre de 2022 en el Colegio Mayor Santillana, lo que resulta curioso, viniendo de una persona que este verano paseaba junto al río en New England con la autora Elizabeth Strout de quien se llevó el consejo «don´t stop», algo que le inspiró tanto que lo tiene de cabecera en su habitación.
Y es que, sin prisa, pero sin pausa, es como se ha desarrollado la carrera de Laura, una estudiante de derecho que, con 22 años, dejó sus estudios en 4º curso para dedicar buena parte de su vida a viajar por el mundo gracias a su trabajo como azafata de vuelo.
Todos esos viajes le han enriquecido con múltiples experiencias, vivencias y personas a las que ha tenido el privilegio de conocer. Porque Laura tiene claro que nadie es mejor que nadie, que no pertenecemos a ningún grupo o tribu y que no debemos perdernos la oportunidad (y el privilegio) de conocer a cualquier persona que se cruce en nuestro camino, ya que todas tienen una historia detrás, que, a buen seguro, nos enriquecerá.
Sin embargo, Laura no vino a invitarnos a viajar, lo dejó muy claro cuando nos dijo:
«Lo que quiero es que leáis».
Y es que cuando lees te sumerges en otros mundos, vidas y lugares gracias a tu imaginación, algo que nos va a ayudar a entendernos a nosotros mismos y al mundo. Una cosa es la realidad que vivimos y otra la que nuestra imaginación crea. Como ejemplo nos contó cómo, dentro de 10 años, todas las personas que estábamos en la sala íbamos a recordar de una manera distinta esta velada literaria tan especial.
Laura, a pesar de haber desarrollado una gran carrera aeronáutica, tenía un sueño que no podía dejar de cumplir porque, de no llevarlo a cabo, la novela de su vida habría quedado inacabada. De esta manera, el 11 de enero de 2019 a las 11:30 (aniversario del día y hora de su nacimiento), lo dejó todo para abrir una librería a la que llamó Amapolas en octubre, igual que una de sus obras.
Laura no quería que «su casa» fuera una tienda de libros, sino un lugar donde recibir a multitud de amigos y que estos se sintieran como en casa con la lectura como punto de unión. Laura es consciente que hay infinitos grados de afición a la lectura, desde el «quiero querer, pero me da pereza» al lector empedernido que roza la psicopatía quijotesca. Para cada uno de ellos siempre sabe qué preguntar para poder recomendarle la obra que más se adapta a sus circunstancias y momento vital, porque Laura siempre recomienda un libro con el mismo objetivo:
«Que esta persona descubra una historia que le haga apasionarse por las historias y que, cuando termine de leer esta historia, quiera seguir leyendo otras historias».
Laura tiene una legión de seguidores que se han convertido en su familia y a los que cuidó mucho durante la pandemia. En esas circunstancias fue consciente de que había muchas personas que estaban en casa, solas y muy mal. Durante esos meses se encargó de hablarles, de contarles y de hacerles llegar un poquito de su arte. Sin embargo, no fue consciente de lo que realmente significaban estos ratitos de compartir cosas con «su gente» hasta después que terminara el confinamiento, cuando acudieron a su «casa» para agradecerla todo lo que les dio.
Nuestra tertulia con Laura continuó con un sinfín de preguntas de los asistentes (os aseguro que en todas las sesiones Héroe® a las que ha asistido nunca ha habido tantas) y Laura tuvo sabios consejos para todos los intervinientes.
¿Tú quieres leer?
Esa es la pregunta que debe marcar el punto de arranque de la aventura literaria de cada uno de nosotros. A partir de ese primer SÍ, Laura nos habló de libros de ficción que son grandes aventuras, de Paul Auster (su autor favorito), de Matar a un ruiseñor (su libro favorito, que ha leído unas 7 veces y del que, después de leerlo, quieres ser mejor persona) de clásicos como El Quijote, un libro maravilloso de aventuras repleto de frases magníficas que nos van a ayudar muchísimo (tanto personal como profesionalmente). Laura lo hizo todo para inspirar a cada uno a leer según su estilo.
Una cosa que nos pidió fue que, si leemos, leamos bien, dejando el teléfono silenciado o apagado lejos de nosotros, aunque nos genere ansiedad. Porque si algo ha aprendido Laura es a parar, a respirar, a disfrutar. El cerebro es un músculo y necesita entrenamiento, por eso necesitamos enseñarle a parar, a desconectar y a leer. Si lo hacemos, nos daremos cuenta de que regalarnos media hora al día para leer es algo maravilloso.
Laura terminó hablándonos de su faceta como escritora y nos explicó cómo, cuando alguien escribe ficción, está contando una historia que tiene en su cabeza y que lleva dentro de sí desde hace muchos años, probablemente toda su vida y que, de repente, un día brota y necesita ser contada. Todo lo que nos pasa un día se puede convertir en una frase, un párrafo de un libro o una novela, ¿por qué no?
Muchas gracias, Laura, por la magnífica velada que pasamos contigo en Santillana. Ojalá algún día seamos un párrafo de una de tus novelas; hasta que eso ocurra, en nuestras cabezas se irán fraguando muchas historias que deseamos algún día sean dignas de ser contadas.
Os puedo asegurar que cuando leí la pregunta del título de la sesión Héroe® de Blas Chamorro del pasado 29 de septiembre, intuía que las 3 cosas eran distintas, pero no sabía muy bien el porqué. Afortunadamente tuvimos la suerte de contar con un gran especialista en salud física que nos explicó claramente que:
Si tienes un objetivo claro, lo que haces es entrenar.
Si simplemente quieres tener buena salud, haces ejercicio.
Si quieres explorar todas las posibilidades que te ofrece tu cuerpo, te conviertes en un mover y si trabajas esto muchas horas al día para rendir al más alto nivel, te conviertes en un practitioner.
Fotografía: Rafael Parra
Muy bien, y de todo esto, ¿qué es lo mejor? La respuesta, como diría un buen gallego debería ser… «Depende». Y es que no hay una solución general para todo el mundo, sino que debe estar adaptada a la realidad de cada uno: «quién soy, qué edad tengo, en qué momento vital me encuentro, cómo es mi físico…».
Porque Blas nos dejó claro que si queremos estar «a tope de power» debemos hacernos dos sencillas preguntas:
¿Quién me considero hoy, respecto de mi actividad física y salud?
¿Cómo me gustaría estar en este aspecto dentro de 10 años?
Una vez que tuviéramos esto claro, deberíamos elegir lo que más nos conviene dentro de lo que nos gusta, nos apasione… y es que es muy importante que la actividad física que hagamos signifique algo para nosotros, porque en caso contrario no vamos a involucrar a nuestra parte emocional. Si conseguimos que lo que hagamos nos emocione, va a impactar positivamente en nosotros, en los demás y en nuestro entorno.
Vale, muy bien, pero si aún no nos emociona nada y queremos probar cosas… ¿Qué hacemos? Blas nos dio muchas pistas de cómo somos los seres humanos para ayudarnos a elegir lo que más nos conviene:
1. Como especie estamos preparados físicamente para luchar o huir. Nuestra genética de cazador nos condiciona en este aspecto, por eso:
Todos tenemos un corredor de resistencia dentro. Es curioso como el ser humano, siendo muy malo en velocidad y potencia, pero muy bueno en resistencia, le concede más importancia a la velocidad y la explosividad, ¿por qué será?
Lesionarse corriendo debería ser imposible. Sin embargo, la ciencia dice que los corredores habituales suelen tener una lesión por año (más del 50%). Esto es por dos factores: el excesivo tiempo que pasamos sentados (y nuestro cuerpo no está preparado para estarlo) y el hecho de llevar calzado (somos el único animal que lo hacemos y el que más se lesiona).
Si no huimos, vamos a luchar. Por eso, las artes marciales nos pueden ayudar en nuestro desarrollo: el boxeo o las luchas que van por el suelo (capoeira, brazilian, jiu jitsu) nos pueden ayudar mucho porque tenemos que estar continuamente buscando la solución (resolving problems).
2. Después de entender nuestro yo más primario, vamos a utilizar nuestro cerebro conscientemente. Para esto, algo que nos hace muy bien es bailar. La danza nos ayuda a mejorar en todo: multiplica las conexiones de mi cerebro, me ayuda a emocionarme, me enseña nuevos patrones de movimiento.
3. También los deportes de equipo, que hacen que tengas que entender y desarrollar una estrategia común, tanto de tu equipo como del rival.
Vale, pero a lo mejor esto del deporte no es para mí (suele ser una gran excusa del español medio), ¿verdad? Para huir de estas excusas le preguntamos a Blas, ¿por qué deberíamos comenzar a hacer deporte?
El hecho de estar en comunidad nos gusta a todos, incluso en los deportes individuales.
Tener actividad física te prepara para lo que pueda venir, te pone en esa parte de sufrir un poco, fundamental en la etapa de la vida entre los 20 y los 40 años. Las personas que nunca han sufrido, cuando tienen un problema estresante no saben afrontarlo.
Es muy importante «construirse» desde pequeños, que es cuando más neuroplasticidad tengo. Los riesgos de lesiones de alguien que no se ha movido de joven es mucho más alto que los de alguien que ha estado físicamente muy activo.
Respecto de la nutrición, lo más importante es conocer tu metabolismo, el fuego que quema lo que le echas. Ese metabolismo depende de nuestra actividad física, por eso cuanto más nos movamos, más quemaremos.
Y no debemos olvidarnos de un buen descanso que, a diferencia de lo que podamos creer, es igual de importante que todo lo anterior.
Por eso Blas nos recomendó no dejarnos llevar por modas ni obsesionarnos por llevar nuestro cuerpo al límite, y terminó la sesión con un simple pero gran consejo:
«Pregúntate como estás, a donde quieres llegar y encuentra la mejor manera de hacer deporte para conseguirlo. No te obsesiones y busca siempre el equilibrio entre una vida activa, una alimentación saludable y un descanso enriquecedor. Si consigues esto, tu cuerpo y tu mente te ayudarán a afrontar todo lo que tengas en la vida».
«La necesidad de la concordia; ayer, hoy y mañana»
“Si sirvo para algo es para acordar; siempre me he dedicado a resolver conflictos, a alcanzar acuerdos para no tener que llegar a los tribunales”
Con esta frase comenzaron las sesiones de desarrollo personal del programa Héroe® del Colegio Mayor Santillana en su curso 2022-2023. Adolfo Suárez vino a hablarnos de la necesidad de la concordia, el diálogo y el entendimiento frente a la polarización y el enfrentamiento que tanto tenemos presente en la época actual.
Fotografía: Rafael Parra
Adolfo nos hizo ver que todos los mortales convivimos con otros seres humanos en constante discrepancia y, sin embargo, eso no nos impide formar familias, vivir en sociedad o constituir empresas, ya que no hace falta estar al 100% de acuerdo con alguien para desarrollar un proyecto en común. Y es por eso hay que llegar acuerdos, siempre basados en la concordia.
Pero ¿qué es la concordia? Para entenderlo nos citó a su propio padre en la entrega de Premios Príncipe de Asturias (ahora Princesa), en 1996 donde pronunció su célebre frase:
“La concordia es el respeto al que no piensa como tú y no es tu enemigo, sino tu complementario”.
Y es que debemos tener claro que existe un espacio en el que cabemos todos, y que para poder convivir debemos ponernos de acuerdo en lo básico: “queremos vivir juntos y debe haber un conjunto de normas básicas que debemos respetar”.
Hoy en día estamos haciendo algo muy alejado de esa idea, recurrimos al sentimiento en vez de a la razón y eso provoca polarización. Socialmente parece un signo de debilidad estar de acuerdo con otro y se valoran más la vehemencia y el sentimiento desacerbado. Pero no debemos equivocarnos, estar de acuerdo no significa renunciar sino compartir.
No debemos olvidar que la experiencia y la historia nos dicen que ese camino no es el correcto. SI echamos la vista atrás podemos ver cómo los discursos en el congreso, durante la segunda república, eran de este tipo (Incluso llegaron a sacar pistolas en el parlamento; como curiosidad Adolfo nos contó que, desde entonces, hay un artículo del reglamento que prohíbe llevar armas en la cámara baja). Ya sabemos todos lo que pasó después.
Puede parecer que esa concordia es sencilla de alcanzar, pero no es así para nada. Esa actitud ante la vida es muy difícil de asumir, interiorizar y llevarla a la práctica. Cuando alguien nos hable de la transición, por ejemplo, no debemos caer en el error de pensar que todo fue un camino de rosas; por el contrario, fue muy difícil llegar a acuerdos. Sin embargo, había un sentimiento global más fuerte que cada una de las individualidades: “El sufrimiento que había pasado España hasta ese momento”.
Esa fue la clave de lo que se llamó “El espíritu de la transición”. Entender, a pesar de tener todo el derecho del mundo a sentir odio y rencor, que hay que dejarlo a un lado para pasar página.
Por eso, cuando Adolfo escucha a gente joven hablando con ese odio, ira o rencor sin saber lo que son el sufrimiento, la guerra o la muerte, se le ponen los pelos de punta. Mucho más cuando en el parlamento se dicen tantas salvajadas, porque eso es llevar lo peor de la calle a las instituciones.
La concordia no es renunciar a tu forma de ser o de pensar, sino admitir que hay otros que piensan distinto. Y no se trata de imponer mis convicciones, sino de aceptar y ¿por qué no? intentar convencer al que no piensa como yo, pero siempre desde el respeto.
La clase política cada vez está más distanciada de la sociedad y eso provoca que la gente esté muy desencantada de la política. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestro voto vale muchísimo más de lo que pensamos. Nos equivocamos si pensamos que no tenemos el poder, ya que nuestros representantes están sentados en el congreso porque un ciudadano les votó. Y nuestro voto es la clave para cambiar las cosas.
Porque no debemos olvidar que la democracia consiste en que todos valemos lo mismo, todos decidimos igual. Y la política no se debe basar en el enfrentamiento, sino en buscar las maneras de conforman mayorías, que son las encargadas de generar estos cambios.
Esas mayorías nunca las conseguiremos generando odio. Esto solo provocará más odio, enfrentamiento y polarización. Una vez que entramos en este círculo vicioso, encendemos una mecha que prende muy rápido pero que es muy difícil de apagar.
Por último, y para despedirse, nos dejó un mensaje fundamental: la concordia es un sentimiento, una conducta que cada uno debe imponerse a sí mismo de respeto al otro. Está en nosotros la manera en que afrontemos las relaciones sociales y los conflictos que, siempre, van a aparecer en nuestras vidas.
Muchas gracias, Adolfo, por darnos una gran lección de lo que es no querer llevar la razón o ganar, sino entender que el bien común y la concordia entre los seres humanos solo se dará desde el respecto a las normas, esas reglas del juego que, entre todos, hemos diseñado. Si queremos cambiar algo, ya sabemos…Conseguir 176 escaños que representen el sentimiento mayoritario de una sociedad que, sin duda, seremos responsables de ayudar a construir.
«Forbes 30 under 30 con un proyecto social revolucionario»
«Mi camino no es muy convencional, pero eso es lo que os vais a encontrar de aquí en adelante».
De esta manera tan directa comenzó su intervención Carlota Corzo, fundadora de Lázzaro y una de las «Forbes 30 under 30» –una de las 30 personas menores de 30 años con mayor éxito e influencia de España según Forbes– su intervención en la 21ª y última sesión Héroe® del curso 2021/22.
Que venga una joven exitosa a contar a los estudiantes universitarios lo que se van a encontrar cuando terminen la carrera es algo que nuestros colegiales valoran, y mucho, por eso ninguno perdió detalle de todo lo que Carlota nos dijo en su «charla entre amigos».
Y es que el camino de Carlota, efectivamente, no ha sido demasiado convencional. Estudió Bellas Artes en 3 universidades distintas, ha realizado un par de másteres y ha estudiado, trabajado y realizado voluntariado en tantos países que no se pueden contar con los dedos de las manos. Además de hacer un sinfín de cosas más, como, por ejemplo, dedicar unos minutos al día a la reflexión (de donde viene, hacia donde quiere ir y si está haciendo lo necesario para conseguirlo).
Este hábito de prospección interna le hizo plantearse cómo «rentabilizar» la educación que le proporcionaron sus padres para, además de ser una gran persona, ganarse la vida y generar impacto social. Por eso se animó a hacer un Camino de Santiago; «bachatero» durante la noche y de «reflexión» durante el día, para disfrutar y encontrar su «camino» en la vida. Después de mucho «paso», tanto de baile como de andadura, tuvo muy claro que su destino era «ayudar a los demás».
Gracias a sus estudios de Bellas Artes había desarrollado increíblemente su creatividad y tenía una gran habilidad para cuestionarse lo establecido y conocido, por eso fue pionera al estudiar el primer máster de creatividad e innovación que se impartió en España.
A partir de aquí, un paso llevó al siguiente: constituir sus dos primeras ONG, acceder a unas prácticas en el Parlamento Europeo, viajar a Italia dentro de un programa europeo de becas Erasmus para jóvenes emprendedores y desarrollar su primer proyecto tecnológico (con una de sus ONG).
Pero Carlota no para porque, como dice ella con total humildad, ha seguido haciendo cosas chulas como ser profesora de máster o decorar y pintar a mano todas las habitaciones de un hotelito familiar.
Después de que una empresa tecnológica la fichara para hacer «cosas chulas», comenzó su gran proyecto actual, Lázzaro, premiado por múltiples organismos nacionales e internacionales. Lázzaro es una herramienta que permite incorporar la tecnología (digitalización) a ONG tradicionales, incrementando su visibilidad tanto en la captación de fondos como en su gestión transparente. Lo más curioso de Carlota fue cuando nos contó que la idea le vino de la necesidad de búsqueda de transparencia en el tercer sector.
Con el paso del tiempo, Carlota se ha dado cuenta que primero hay que escuchar a los clientes y conocer pormenorizadamente la información que ellos tienen, ya que es sumamente valiosa para poder encontrar soluciones a problemas que, a menudo, ni siquiera son capaces de expresar. Por eso, después del último máster que está estudiando, quiere realizar su doctorado en creatividad con el objetivo de «poner las grandes preguntas de las sociedades en el centro de la tecnología».
En una época de imagen y postureo, Carlota nos animó a ser auténticos, a encontrar lo que nos mueve y apasiona e ir a por ello y a no conformarnos con algo que no nos llene ya que «dormimos siempre con nosotros mismos y si hay algo que nos angustia el corazón, es algo con lo que no podemos dormir adecuadamente».
Por eso nos anima a dedicar mucho esfuerzo a intentar conocernos a nosotros mismos, a saber cuáles son nuestras creencias, de donde nos vienen…, y a que cuanto más control tengamos sobre nosotros mismos, más libres e independientes seremos. Y es que Carlota siente que hoy en día nuestra opinión está muy condicionada por los algoritmos que trabajan para manipular, polarizar y generar opinión.
Por otro lado, nos dejó claro que la creatividad no es un don, sino una actitud y la clave para ser creativo es acreditar muchísimos recursos. Cuanto más sepamos de todo, más creativos podremos ser. –La creatividad tiene mucho que ver con la resolución de problemas, por eso cuanto más sepamos, más problemas seremos capaces de solucionar–.
Y dado que lo que más fomenta la innovación es la conjunción de cosas totalmente distintas, nos animó a desarrollar una mentalidad de excelencia y crecimiento, alimentada por una formación transversal y multidisciplinar.
Por último, nos animó a ser críticos, a quejarnos y a actuar para cambiar las cosas que consideramos no funcionan.
Muchas gracias, Carlota, por todo lo que nos enseñaste. Gracias a ti sabemos que es nuestro momento de formarnos, de ser críticos y excelentes porque, Carlota, queremos ser como tú, queremos dormir a pierna suelta cada noche porque eso significará que hemos encontrado lo que nos mueve, nuestra pasión y la podremos poner al servicio del mundo para hacerlo mejor y, lo más importante, para ser los auténticos Héroes® en nuestras vidas.
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