Alba García

Alba García

Alba García
«El truco está en pensar que no existen límites»

El pasado 19 de febrero de 2026, dentro del programa HÉROE® de excelencia personal, el Colegio Mayor Santillana acogió una sesión profundamente inspiradora con Alba García, atleta paralímpica de alto nivel, campeona del mundo, olímpica, y referente internacional en salto de longitud.

Lejos de cualquier discurso épico prefabricado, Alba compartió con los asistentes una conversación sincera sobre su vida, el deporte y la manera en la que una persona aprende —día a día— a convivir con los límites… para superarlos.

Alba García en el CM Santillana

Crecer aprendiendo a hacer lo que otros dan por hecho

Alba comenzó recordando su infancia. Nació en una familia sin experiencia previa en discapacidad visual y, como sucede en muchos hogares cuando tal circunstancia llega, el primer impacto fue duro. Sin embargo, en su casa tuvieron una idea muy clara desde el principio: no iban a permitir que la ceguera definiera lo que Alba podría y no podría hacer en su vida.

Eso supuso aprender muchas cosas que para otros niños, apenas requieren esfuerzo consciente: usar bastón, leer y escribir en braille, diferenciar monedas por el tacto o aprender a manejar un ordenador sin ver la pantalla. Todo formaba parte de un proceso largo de autonomía que empezó muy pronto.

«Yo sigo siendo ciega —explicaba— y por tanto sigo teniendo que aprender un montón de cosas».

Pero, más allá de las adaptaciones técnicas, lo que marcó su desarrollo fue algo más sencillo; crecer como una compañera más en el colegio, con profesores que aprendieron a explicar lo que escribían en la pizarra, y con amigos que entendieron e integraron, con naturalidad, sus necesidades.

El descubrimiento del deporte

El deporte apareció casi por casualidad. Un profesor de la ONCE le propuso probar una actividad extraescolar de multideporte. Alba aceptó sin saber muy bien qué esperar… y descubrió un mundo que terminaría cambiando su vida.

Probó diferentes disciplinas hasta que encontró la que realmente le apasionaba, el atletismo.

A partir de ese momento su adolescencia empezó a ser distinta a la de la mayoría de sus amigas. Mientras otros planes giraban en torno al ocio o las salidas de fin de semana, ella tenía entrenamientos, competiciones y viajes deportivos. Era una elección exigente, pero también profundamente ilusionante. «Cuando mis amigas estaban de fiesta, yo estaba durmiendo porque al día siguiente tenía que entrenar». A los 14 años ya estaba compitiendo internacionalmente.

Correr confiando en otra persona

Uno de los momentos más interesantes de la sesión llegó cuando explicó cómo compiten los atletas con discapacidad visual en las pruebas de velocidad.

El atleta y su guía corren unidos por una cuerda de unos diez centímetros. Ambos deben coordinar cada paso como si fueran espejo, es decir, cuando uno adelanta una pierna, el otro hace exactamente lo contrario para evitar tirones. El guía no solo corre, también va narrando lo que ocurre en la pista… Cuántos metros quedan, dónde están los rivales o cualquier situación imprevista.

«Para mí, él es mis ojos, dentro y fuera de la pista».

Más que una ayuda técnica, es una relación basada en una confianza absoluta.

Cuando todo cambia

La trayectoria deportiva de Alba dio un giro radical hace unos años cuando su resto visual disminuyó y pasó a competir en la categoría T11, la de ceguera total. Esto implica competir con antifaz y parches oculares, eliminando tocualquier mínima referencia visual.

Ese cambio supuso empezar casi de nuevo. Además, decidió introducir una nueva disciplina en su carrera, el salto de longitud.

Aprender a saltar sin ver absolutamente nada exige un nivel de concentración y confianza extraordinario. El atleta corre hacia el foso guiado únicamente por la referencia sonora de su entrenador o guía, que marca el punto exacto en el que debe saltar.

«Te dicen ¡ya!, y tienes que saltar al vacío».

El deporte también enseña a perder

En una de las competiciones clave de su carrera, Alba estuvo a punto de conseguir una medalla… hasta que una rival superó su marca por un solo centímetro en el último salto.

Lejos de la frustración, explicó cómo aquel momento marcó un cambio en su relación con el deporte. Había realizado la mejor competición de su vida y comprendió que eso era lo realmente importante.

«Había hecho lo mejor que podía hacer ese día. No podía pedirme más».

Fue el inicio de una forma distinta de competir, con más serenidad y menos presión.

París: competir contra el dolor

La preparación para los Juegos Paralímpicos de París tampoco fue sencilla. A pocos meses de la competición sufrió una grave lesión en ambos pies tras caer fuera del foso en un salto.

El objetivo pasó a ser simplemente llegar a competir.

Fisioterapia diaria, rehabilitación constante y semanas de incertidumbre marcaron los meses previos. Finalmente logró participar en los juegos, aunque reconoce que fue probablemente la competición más dura de su carrera.

El estadio lleno, el rugido del público y la megafonía, dificultaban escuchar las palmas que marcan el punto de salto. En una prueba donde el sonido es la referencia principal, aquello convertía cada intento en un desafío enorme.

Un deporte individual que en realidad es un equipo

Uno de los mensajes más repetidos durante la sesión fue que el atletismo paralímpico, al menos en su caso, no es un deporte individual.

En la pista siempre hay varias personas detrás de cada salto o cada carrera: guías, entrenadores, fisioterapeutas y compañeros de equipo. «En la pista somos dos, tres o cuatro». Por eso Alba insiste en que gran parte de su éxito se debe al equipo que la acompaña.

El truco para avanzar

Hoy Alba compagina el deporte con sus estudios —ha comenzado la carrera de Psicología, y ya terminó Fisioterapia— con proyectos de sensibilización sobre discapacidad.

Cuando le preguntaron qué le ayuda a seguir compitiendo al máximo nivel, su respuesta fue sencilla:

«Pensar que los límites no son tan definitivos como parecen». Porque muchas veces no desaparecen… pero sí se pueden empujar un poco más allá.

Gracias, Alba, por recordarnos que la verdadera superación no siempre consiste en hacer algo extraordinario, sino en atreverse a intentar lo que parecía imposible y que, a veces, el primer paso para lograrlo es tan simple —y tan difícil— como creer que los límites están para superarlos. Si seguimos tu ejemplo, estamos seguros que llegaremos a ser unos auténticos Héroes, como tú.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Alba García
«El truco está en pensar que no existen límites»

Atleta paralímpica

Sobre ella:

Atleta de alto nivel con discapacidad visual, especializada en salto de longitud y velocidad, referente internacional en la categoría T11. Campeona del mundo en salto de longitud, ha construido una trayectoria marcada por la constancia, la superación personal y el alto rendimiento en competiciones internacionales. Su éxito se apoya en una sólida progresión deportiva y en la capacidad de competir al máximo nivel incluso en situaciones adversas, combinando excelencia técnica, fortaleza mental y trabajo en equipo junto a su guía en las pruebas de velocidad.

19 de febrero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®

Dani Delacámara

Dani Delacámara

Dani Delacámara
«El humor de mi vida»

El pasado jueves 12 de febrero de 2026, dentro del programa HÉROE® de excelencia personal, el Colegio Mayor Santillana acogió una sesión distinta, provocadora y profundamente humana con Dani Delacámara, cómico de profesión —y de vocación—, que nos habló de algo aparentemente banal, pero que en realidad es tan profundo como sustancial: el humor.

Desde el inicio fue claro: «Hacer humor es muy difícil». Y hoy, quizá más que nunca. En una sociedad hipersensible, donde todo puede ofender, el humor camina por una línea muy fina que si la cruzas puede suponer tu cancelación laboral. 

Dani Delacámara en el Colegio Mayor Santillana

Pero precisamente ahí está su fuerza: el humor sorprende, descoloca, hace cortocircuitar el cerebro racional del adulto. Y para lograrlo, el cómico necesita mirar donde otros no miran y detectar los fallos del sistema, las grietas, las contradicciones. Y es que el humor no nace de la superficialidad, sino de una mirada distinta.

 

 

El humor como medicina necesaria

Dani defendió una idea poderosa: el humor puede ser medicina para muchas de las heridas actuales: ansiedad, depresión, fracaso escolar, rupturas, absentismo laboral, soledad, incluso para la lacra del suicidio.

No olvidemos que vivimos en una época privilegiada. Somos la primera generación que no ha vivido la guerra, lo tenemos todo y, sin embargo, no somos felices, porque siempre deseamos un poco más. Deberíamos acallar esa voz que nos dice que nada es suficiente, para valorar como merece lo mucho que tenemos, a pesar de las dificultades del día a día.

«Tomároslo en serio», insistía Dani, ya que no ha conocido ningún problema que el humor no hubiera mejorado, aunque tampoco solucionado totalmente. Cuando todo falla, el humor es ese flotador al que uno puede agarrarse para no hundirse.

Pero para que funcione, exige algo previo: aceptación. Para poder tomarte algo con humor, tienes que aceptarlo como si lo hubieras elegido, no como si te hubiera venido sin tú pedirlo.

«¡Qué bien, qué bien… que me está sucediendo esto!», decía con ironía, explicando cómo él mismo ha aprendido a gestionar el sufrimiento desde esa actitud. Es decir, transformar la energía y el pensamiento para, entonces, cambiar la experiencia.

El humor se entrena

Otra de sus grandes ideas fue desmontar el mito del talento exclusivo porque el humor se entrena. Todo ser humano tiene sentido del humor y solo necesita trabajar dos ingredientes:

  • Pensar distinto.

     

  • Hacerlo con energía.

Pensar distinto implica «hackear» la voz interior. Esa voz que sabotea, que limita, que susurra que no eres suficiente. Muchos cómicos —decía— lo son porque han tenido una infancia difícil o porque tienen una cabeza difícil. El humor muchas veces nace de ahí: de convertir la herida en ingenio.

Es triste —añadía— saber que puedes dar algo grande al mundo y no hacerlo por culpa de esa voz. Por eso el ego, bien entendido, también necesita que te tomes en serio tu capacidad de aportar. Si transformas tu pensamiento y tu energía, todo cambia.

El límite y la responsabilidad

El humor es una energía potentísima. Y precisamente por eso puede hacer mucho bien… o mucho daño. Su límite está claro: hacerlo con tanto ingenio que no hieras a otra persona. El problema no es el humor, sino cuando se deja de percibir como tal. Y es que el humor, si es verdadero, es un acto de dar.

Y aquí apareció su tercera gran idea: pensar en dar. Si subo al escenario pensando en recibir aplausos, estoy pensando en mí pero si subo pensando en lo que necesita el otro, encontraré la manera de dárselo.

Una actitud ante la vida

Más allá de técnicas o chistes, Dani nos dejó algo más profundo: el humor como actitud vital. Como forma de conocerse, de aceptar la realidad, de no dramatizar lo inevitable y de sostenerse cuando todo tambalea.

No siempre soluciona, pero casi siempre mejora y quizá, en una generación que lo tiene todo y que, aun así, muchas veces no es feliz, recuperar el humor como medicina sea una forma concreta de empezar a vivir con más ligereza… y más verdad.

Gracias, Dani, por recordarnos que reír no es evadir, sino muchas veces resistir. Que el humor no es frivolidad, sino inteligencia emocional en estado puro. Y que, bien entendido, también puede formar parte del camino para convertirnos en auténticos Héroes.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Dani Delacámara
«El humor de mi vida»

Monologuista

Sobre él:

Humorista y comunicador con una amplia trayectoria en televisión, radio y escenarios de toda España. Alcanzó popularidad en los años noventa gracias a sus imitaciones y a su participación en programas de entretenimiento de ámbito nacional, donde combinó actualidad, ironía y observación social en clave humorística. Ha desarrollado una sólida carrera en el stand-up comedy, con espectáculos propios y giras vinculadas a formatos como El Club de la Comedia, además de colaboraciones estables en radio. Su trabajo destaca por el uso del humor como herramienta crítica para interpretar la realidad contemporánea.

12 de febrero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®

Israel Bloesch

Israel Bloesch


Israel Bloesch
«Mercado laboral oculto; puertas de entrada, y claves de acceso»

Dentro del programa Héroe® de excelencia personal, el Colegio Mayor Santillana acogió, el pasado jueves 29 de enero de 2026, la sesión «Mercado laboral oculto; puertas de entrada, y claves de acceso», una reflexión profunda —y poco complaciente— sobre una de las preguntas más decisivas de nuestra vida adulta: qué tipo de vida queremos vivir y cómo nos la vamos a ganar.

Porque, como subrayó Bloesch desde el inicio, esa respuesta no depende solo del mercado, ni siquiera de las oportunidades externas, sino, sobre todo, de la idea que cada uno tiene del mundo y de cómo decide situarse en él.

Israel Bloesch en Santillana

Encajar o no encajar: una cuestión de mirada

Israel planteó una distinción tan sencilla como incómoda: la diferencia entre las personas que encajan y las que no encajan no suele estar en el talento, sino en la manera de afrontar la vida. La decisión de seleccionar a alguien, explicó, es solo un 20 % técnica; el otro 80 % es una decisión moral.

La moral entendida no como un discurso abstracto, sino como el conjunto de reglas —a veces implícitas— que guían nuestras decisiones cotidianas. De ahí nacen los valores. Y de los valores, la cultura de las organizaciones.

Por eso, en los procesos de selección, las empresas no buscan simplemente al mejor candidato, sino a «uno de los nuestros». La gran pregunta, casi siempre silenciosa, es esta: ¿esta persona encaja aquí o no?

El proceso de selección como proceso de descarte

Bloesch describió el proceso de selección como lo que realmente es: un proceso de eliminación. No se elige al mejor de todos, sino al que queda cuando los demás han ido cayendo. Y si no queda nadie, se vuelve a empezar.

Ese camino pasa por cinco grandes dudas que toda empresa desea resolver:

  1. ¿Va a saber hacer el trabajo?
    Aquí entra el capital simbólico: títulos, prestigio académico, experiencia previa, prácticas, voluntariado.

  2. ¿Lo va a hacer como nosotros lo hacemos aquí?
    No basta con saber hacer algo; importa si la experiencia es similar o, al menos, transferible a la cultura concreta de la organización.

Estas son las dudas más técnicas. Pero a partir de ahí empieza lo verdaderamente decisivo.

  1. ¿Va a encajar con el equipo?
    La forma de hablar, de presentarse, la energía, la seguridad, incluso el outfit. En este punto aparecen sesgos de todo tipo —edad, clase social, género— y la cultura actúa como un potente marcador de pertenencia.

  2. ¿Mantendrá el rendimiento y la motivación con el tiempo?
    ¿O se desinflará cuando pase la novedad?

  3. ¿Se irá pronto?
    ¿Nos va a dejar por otra empresa antes de tiempo?

Quien logra resolver satisfactoriamente estas cinco dudas, forma parte de la terna final.

Seleccionarnos a nosotros mismos

La propuesta más exigente de la sesión llegó cuando Israel invitó a los asistentes a hacerse una pregunta incómoda: ¿y si hacemos el proceso de selección con nosotros mismos?

Ser seleccionadores duros, detectar nuestras propias incoherencias, identificar lo que generaría dudas reales. Un ejercicio de sinceridad —incluso de «sincericidio»— que, aunque pueda llevar a la autoeliminación, es una forma sana de cuidar la propia salud mental. Porque entrar en un lugar que no encaja con lo que somos acaba, tarde o temprano, en frustración.

Elegir un trabajo no es solo elegir un puesto: es elegir una forma de vida, una manera concreta de ganarse la vida y, sobre todo, de compartirla con determinadas personas.

Seguir caminos ya recorridos

Bloesch recordó que quienes hoy «son de los nuestros» en una organización concreta representan un atajo valioso. No hay que convertirse en alguien distinto, sino recorrer el camino que otros ya han recorrido, desde el punto en el que uno se encuentra ahora hasta el lugar al que quiere llegar.

Y cerró con una idea tan realista como liberadora: en un proceso de selección, las empresas nunca sabrán si los candidatos descartados eran mejores que el elegido. La decisión no es absoluta, es contextual. Por eso, comprender el mercado laboral oculto no consiste en fingir ser otro, sino en entender dónde —y con quién— tiene sentido ser uno mismo.

Una sesión que dejó una certeza clara: elegir bien no siempre es entrar, a veces es saber no quedarse, y eso muchas veces significa ser un auténtico Héroe. Muchas gracias Israel por hacernos ver que una buena vida es mucho mejor que un buen trabajo.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Israel Bloesch
«Mercado laboral oculto; puertas de entrada, y claves de acceso»

Consultor talento humano | Creador red JobHunters

Sobre él:

Profesional de la comunicación y el desarrollo del talento, con más de 20 años de experiencia en educación, recursos humanos y tercer sector. Cuenta con formación en filología, pedagogía, administración y marketing, y ha dirigido proyectos y unidades de negocio, muchos de ellos creados desde cero, combinando visión experta y capacidad de gestión. Ha colaborado con empresas e instituciones de Europa y Latinoamérica. Ha participado en el desarrollo de plataformas de aprendizaje y en procesos de construcción de narrativas profesionales, trabajando desde una mentalidad de equipo basada en el diálogo y la cooperación.

29 de enero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®

Nacho Tornel

Nacho Tornel

Nacho Tornel
Enparejarte

Experto en relaciones de pareja.

Dentro del programa Héroe® de excelencia personal, el pasado jueves 22 de enero, el Colegio Mayor Santillana acogió una sesión especialmente significativa: el encuentro con Nacho Tornel, mediador familiar y experto en relaciones de pareja, con 20 años de experiencia acompañando a jóvenes y adultos en uno de los ámbitos más decisivos de la vida: amar bien.

Desde el inicio, Tornel fue claro con su intención: no venía a dar recetas rápidas, sino a iluminar el entendimiento, a ayudar a resolver dudas profundas y a ofrecer criterios sólidos para discernir algo fundamental. Porque —como él mismo señaló— quizá nadie nos habla con suficiente seriedad de algo tan importante como elegir a la persona con la que compartir la vida. Y equivocarse aquí, sencillamente, lo complica todo.

Nacho Tornel en el CM Santillana

Ser ambiciosos en lo importante

Si hay algo en lo que merece la pena ser ambicioso, es en encontrar a la persona adecuada. Para Tornel, el noviazgo no es un tiempo indefinido ni un simple acompañamiento emocional: es un proceso para conocer, discernir y decidir. «El noviazgo está para dejarlo… o para casarse», afirmaba con naturalidad. Es el tiempo de comprobar si esa persona tiene «todas las papeletas» para caminar juntos el resto de vuestras vidas.

Pero antes de mirar al otro, hay que mirarse por dentro. Tornel insistió en una idea clave: nadie puede entregarse bien si no se cuida a sí mismo. Cuanto mejor esté uno por dentro —en sus valores, su mundo interior, sus ambiciones—, mejor podrá mirar hacia fuera y reconocer qué y a quién merece la pena buscar.

Comunicación, incluso cuando parece innecesaria

Uno de los pilares fundamentales de cualquier relación que comienza es la comunicación. Algo tan evidente, y a la vez tan descuidado. «Hay que hablar de todo, absolutamente de todo», repetía Tornel, incluso de lo que parece poco relevante. Muchas crisis nacen precisamente de lo que no se dice.

En un contexto de sobreestimulación constante, el experto invitó a no confundir los grandes planes con lo verdaderamente importante. En una relación sana, lo central no es la actividad, sino la persona. Por eso, aprender a «aburrirse juntos» no es un fracaso, sino una señal de madurez: tener ganas de estar con el otro, incluso cuando no hay nada especial que hacer.

Amar con libertad y con ternura

Otro de los aspectos más profundos de la sesión fue su reflexión sobre el amor libre. Amar no es necesitar, ni depender, ni vivir desde el miedo a perder al otro. El amor auténtico nace de la libertad personal y se expresa como entrega voluntaria. Desde ahí, la interdependencia entre dos personas que se quieren no es una amenaza, sino algo profundamente hermoso.

Tornel también subrayó la importancia de aprender a expresar el cariño y la afectividad. En la vida compartida habrá mucho más tiempo sin relaciones sexuales que con ellas, y por eso es esencial cultivar la ternura, la cercanía, el cuidado y el amor cotidiano. La buena conexión emocional da lugar a una sexualidad más plena, y una sexualidad bien vivida refuerza, a su vez, el vínculo emocional.

Mirar más allá de uno mismo

En una sociedad marcada por el materialismo, el individualismo y el hedonismo, Nacho Tornel propuso un indicador sencillo pero muy revelador para discernir a la otra persona: sus ganas de hacer cosas por los demás. El interés por el voluntariado, por cuidar a la familia, por salir de uno mismo y servir, dice mucho más que cualquier discurso.

Tiempo juntos, sí. Pero también tiempo compartido haciendo el bien.

Perdonar, poner límites, respetar la intimidad

Ante una pregunta siempre delicada, Tornel fue claro: el perdón es posible, pero no se exige; se ofrece como un regalo. Eso sí, debe ir acompañado de límites claros y de líneas que no pueden volver a cruzarse. Perdonar no es olvidar ni permitirlo todo.

Del mismo modo, no todo debe comunicarse. Todos tenemos rincones del corazón y del alma que necesitan ser solo nuestros. Respetar esa intimidad también forma parte de una relación sana.

Elegir con quién envejecer

La sesión concluyó con una idea tan sencilla como contundente: no hay nada más importante que elegir bien a la persona con la que quieres envejecer. Una elección que no se improvisa, que se trabaja con cabeza y corazón, y que merece toda nuestra atención.

Gracias, Nacho, por ayudarnos a mirar con más profundidad algo tan decisivo. Ojalá sepamos aplicar estas claves para construir relaciones libres, maduras y auténticas, y para convertirnos —también en esto— en verdaderos Héroes.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Nacho Tornel
Enparejarte

Experto en relaciones de pareja.

Sobre él:
Mediador familiar y experto en relaciones de pareja, con más de 20 años de experiencia acompañando a personas jóvenes y adultas en la gestión de conflictos, el noviazgo y la construcción de relaciones sanas y duraderas. Licenciado en Derecho, máster en matrimonio y familia y doctor en mediación familiar, ha trabajado en organismos internacionales como la Comisión Europea y Naciones Unidas. En la actualidad combina la práctica profesional, la docencia y la divulgación, y es autor de EnparejArte (Planeta, 2017), un libro centrado en comprender la vida en pareja desde una mirada realista y práctica.

22 de enero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®

Seydu Zachariah

Seydu Zachariah

Seydu Zachariah
Niños rotos de Sierra Leona

La creatividad como salvavidas; infancia, exilio y música para reconstruir la esperanza.

Seydu comenzó su sesión del programa HÉROE®, el pasado jueves 15 de enero de 2026, de una manera inesperada: cantando. 

Sonriente, agradecido, y con una cercanía sorprendente, rompió desde el primer minuto cualquier distancia con los colegiales. Era la primera vez que muchos veían algo así en una sesión HÉROE®, y no fue casual. Para Seydu, la música no es un adorno: es memoria, es identidad, y es supervivencia.

Nacido en Freetown, una ciudad creada para acoger a esclavos liberados tras la abolición de la esclavitud. Seydu quiso comenzar recordando algo esencial: la libertad es frágil y hay que cuidarla. Sierra Leona —insistía— es un país herido, pero hermoso, que lucha por no volver a perder lo que tanto costó conquistar, la libertad.

Una infancia sin infancia

Seydu en el Colegio mayor Santillana

Su relato nos trasladó a una niñez marcada por la escasez. Caminar varios kilómetros cada día para ir a la escuela a aprender, bajo un árbol, con un maestro que había combatido en la Segunda Guerra Mundial y les enseñaba el poco inglés que había adquirido de sus antiguos amos. Comer no era algo que estuviera asegurado; en casa no había nada, así es que se ingería lo que se encontraba por el camino de vuelta de la escuela. Subir a los árboles para llevarse algo a la boca era parte de lo cotidiano.

A los once años, casi jugando, su vida dio un giro radical. Junto a dos amigos mayores, accedió a un barco escalando por el ancla con la ilusión de llegar a Las Palmas de Gran Canaria. Su sueño era tan simple como enorme: estudiar. En Sierra Leona, explicaba, solo estudiaban ricos, los hijos de los políticos. Ellos no tenían futuro allí.

Antes de que el barco zarpara, sus compañeros se lanzaron al mar, pero no Seydu, que no sabía nadar. El ancla levó, la oscuridad lo envolvió y quedó atrapado en la proa, sin agua, bajo un sol abrasador que calentaba intensamente su habitáculo. Durante días estuvo allí, deshidratándose, hasta que un contramaestre lo descubrió por casualidad.

La conciencia de un capitán

El capitán fue claro: lo habitual con un polizón era arrojarlo al mar. Él mismo era la máxima autoridad del buque y debía responder ante aduanas. Pero no lo hizo. Tenía hijos de su edad y no podía vivir con esa decisión. Le ofreció una alternativa: trabajar como un tripulante más.

Así, Seydu se convirtió en camarero, limpiador y ayudante del cocinero Pepe. Trabajaba todo el día. En su primer puerto, le dieron diez dólares. Se compró un radiocassette. La música volvió a aparecer. Bailaba en cubierta y la tripulación bailaba con él. La alegría entró en el barco.

Cuando llegaron a Gran Canaria, el capitán le dio doscientos dólares y una última instrucción: «Dijiste que querías estudiar. No lo olvides».

Vivir sin papeles, vivir sin nada

Seydu vagó por las calles sin idioma, sin contactos, sin saber por dónde empezar. Descubrió que, si quería estudiar, debía ir a Madrid. Un desconocido le compró el billete y le dio unas pocas pesetas. No tenía pasaporte. No tenía estudios.

Madrid fue frío, literal y simbólicamente. Vivió en el metro, en el Retiro, en la calle. Conoció conventos, parroquias, y guardó colas para poder acceder a un bocadillo. Durante más de siete años fue un sinhogar más. El único extranjero entre muchos jóvenes españoles que también habían terminado allí por rebeldía o abandono.

Pero cada día se acercaba al conservatorio. Esperaba en la puerta. Una semana. Diez días. Hasta que el director le preguntó qué hacía allí. Quiero estudiar. Finalmente, le dejó pasar. Le dio una silla, y le pidió una sola cosa: que estuviera allí cada mañana a las ocho.

La música abre caminos

Estudió, practicó, tocó instrumentos improvisados, fabricados con lo que encontraba. Tocaba en la calle. Hasta que un día, en El Retiro, dos hombres se detuvieron a escucharle. Eran Raimundo Amador y Kiko Veneno. Lo invitaron a comer. Le propusieron una actuación en televisión. Se lo llevaron a Sevilla.

Vinieron los discos, las giras, cientos de conciertos. Seydu se convirtió en percusionista, recorrió España y conoció a artistas como Alejandro Sanz o Stevie Wonder. Pero nunca olvidó de dónde venía.

Devolver lo recibido

Por eso creó Diamond Child, una escuela en Sierra Leona en la que hoy estudian más de 700 jóvenes: niños de la calle, excombatientes, víctimas de una guerra donde muchos crecieron con un kalashnikov en las manos. Un lugar especialmente necesario para niñas y mujeres, que sufrieron una violencia extrema.

Sierra Leona, decía, es un país que lucha por salir adelante. Y Diamond Child es un espacio donde los jóvenes reciben algo más que educación: reciben amor, dignidad y futuro.

Crear para sobrevivir

Seydu terminó la sesión tocando un instrumento construido con una caja de madera, varillas de paraguas y una lata de refresco. Y dejó una idea grabada en la sala:

«Una de las mejores cosas que tenemos los seres humanos es la creatividad».

La creatividad como refugio. Como salida. Como forma de resistir cuando todo falla.

Gracias a esta sesión del programa HÉROE®, los colegiales no escucharon solo una historia extraordinaria, sino una lección profunda sobre la dignidad humana, la perseverancia y el poder transformador del talento cuando se pone al servicio de los demás.

Gracias, Seydu, por tu música, por tu verdad y por recordarnos que incluso en la oscuridad más cerrada, siempre puede aparecer una canción que nos devuelva la luz.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Seydu Zachariah
Niños rotos de Sierra Leona

Músico y fundador de Diamond Child School

Sobre él:
Anthony Seydu Zachariah Jalloh es músico sierraleonés y único exponente de la palm wine music, tradición sonora del África Occidental vinculada al vino de palma. Nacido en Freetown, se formó en Bellas Artes y música en Sierra Leona y Londres. Fue miembro de la National Dance Troupe y colaboró con artistas como Fela Kuti, Youssou N’Dour o Manu Dibango. Reside en Madrid desde 1988, donde ha trabajado con músicos como Serrat o Alejandro Sanz y ha publicado los álbumes Freetown (1998), Diamond Tears (2001) y Sadaka (The Gift) (2016) En 2004 fundó la ONG Diamond Child School of Arts and Culture, desde la que impulsa una escuela-taller de arte en Freetown.

15 de enero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ® 

Maria Calvo Charro

Maria Calvo Charro

María Calvo
Amor en tiempos de sexo

La noche del jueves 20 de noviembre del 2025, el Colegio Mayor Santillana volvió a detenerse para escuchar una voz valiente y afilada. María Calvo —jurista, escritora, e investigadora del ser humano, del varón y la mujer— se presentó ante nuestros colegiales con una idea tan sencilla como revolucionaria: la libertad mal entendida nos está dejando más solos que nunca. Y que en esa soledad, disfrazada de independencia, muchos jóvenes están perdiendo la capacidad más honda y más humana de todas: amar de verdad.

La soledad que no libera

María comenzó con un dato inquietante. Hoy hay 100 millones de personas más sin pareja que en 2017. El Washington Post asegura que cada segundo se rompe una pareja. Todo podría parecer fruto del azar, del infortunio, pero no es así: el 62% de las mujeres encuestadas afirman querer estar solas toda la vida. Quieren su tiempo, su espacio, su libertad.

Maria Calvo en el Colegio Mayor Santillana

Y, sin embargo, junto a esta soledad voluntaria aparece otro fenómeno silencioso: la «tristeza de la mujer de éxito», o esa «depresión del éxito» que afecta a personas brillantísimas, hiperformadas, viajeras, admiradas… pero profundamente rotas por dentro. Rostros perfectos en redes, vidas fragmentadas por dentro.

María lanzó entonces una pregunta que flotó en el aire como un eco incómodo:
¿Esta soledad buscada… realmente nos hace libres?

Ella misma confesó que quiso estar sola en su adolescencia. Sola, no para crecer, sino para «desparramar», como dijo con humor. Y descubrió pronto que la soledad sin raíces no ordena: desordena. Que la libertad absoluta no proporciona aire: ahoga.

«El hielo es muy fino —explicó— y cuando el hielo es fino, solo puedes patinar muy rápido porque si no, el hielo se rompe».
Por eso vivimos así: a gran velocidad, en superficie, llenando el tiempo de ruido porque si paramos, nos hundimos.

La mutación del ser humano

Para ella, el problema es más profundo que un cambio cultural: es una mutación antropológica. El ser humano está negando sus tres dimensiones esenciales:

  • La física, porque hemos roto los puentes y las diferencias entre los sexos.

  • La intelectual, porque dejamos que el deseo sea ley y la emoción desplace a la razón.

  • La espiritual, porque cuando Dios desaparece… todo parece permitido.

El resultado: no sabemos amar. El deseo sexual ha sido sublimado, el amor diluido, y el matrimonio reducido a un relato de sacrificio y renuncia, cuando debería ser —según María— una de las realidades más luminosas de la existencia.

«Los matrimonios no hemos sabido mostrar la belleza del amor», lamentó. «Hemos dejado que los jóvenes vean el compromiso como una cárcel, cuando es el lugar de la verdadera libertad».

El orden olvidado

Para reconstruir el amor, María recurrió al Cantar de los Cantares, donde Salomón explica que el amor humano se sostiene sobre tres pilares inseparables y en un orden muy concreto:

  1. Amistad.

  2. Compromiso.

  3. Sexualidad.

Pero hoy lo hacemos al revés. Empezamos por el final, sin raíces, sin historias compartidas, sin intimidad verdadera. Y, como empezamos por el cuerpo, nunca llegamos al alma.

1. Amistad: el arte de conocer y conocerse

Aquí María fue especialmente luminosa. En el noviazgo —decía— hay que contarlo y observar todo, no para juzgar ni para idealizar, sino para ver al otro con ojos limpios. Para descubrir su esencia, no para buscar un suplemento emocional.

«No busquéis a nadie que os complete», repitió varias veces. «Buscad a alguien que no os necesite para nada, pero que os quiera para todo».

Y advirtió algo esencial que resonó en la sala: Las parejas fracasan porque ninguno de ellos se conoce a sí mismo. Solo ofrecemos la parte bonita y escondemos la parte oscura. Esa parte que, si no la conocemos, termina dominándonos.

Conocerse es descender al fondo, es «navegar mar adentro», es sacar las redes y encontrar lo que preferiríamos no ver… para poder abrazarlo y aceptarlo.

2. Compromiso: el amor que empieza cuando cuesta

El segundo pilar es el más malentendido. Para María, el compromiso no es la cárcel del amor: es su escalera. Es lo que permite que el sentimiento cambie sin que la historia se rompa.

«El día que tu pareja es un cretino —dijo con ironía— ese día empieza el compromiso».

No huyes, no te vas, te quedas para reconstruir. Y en ese quedarse, en ese insistir, en ese hacer cosas de enamorado cuando menos apetece, es donde se forja el amor verdadero.

El matrimonio, explicó, es un rito público que nos desconecta de la familia de origen y nos une para siempre a otra persona. Es un acto civil o religioso, pero siempre un acto de identidad: «tú eres mi primero».

3. Sexualidad: el cielo en la tierra

Finalmente, habló de la sexualidad como la plenitud espiritual del cuerpo. No un impulso, no un desahogo, no una necesidad biológica: una unión de intimidades. Un altar. Cada sexo llega por caminos distintos —la mujer por el oído y el corazón; el hombre por la vista y el cuerpo—, y entender esto es clave para una vida sexual sana y luminosa. Si invertimos el orden, lo que queda es una unión mamífera, sin alma, sin plenitud… y sin libertad.

«No es sexo. Es amor», concluyó. 

Recuperar el amor humano

La intervención de María Calvo fue, en definitiva, un viaje hacia algo que todos intuimos pero que a veces olvidamos: que la libertad no es estar solo, que el amor no es sentimiento, que la plenitud no es velocidad, y que el cuerpo sin alma no llena, sino que cansa.

Gracias, María, por recordarnos —con tanta valentía— que en tiempos de sexo, hablar de amor es una revolución necesaria. Que elegir amar es elegir crecer. Y que, quizás, la verdadera libertad esté precisamente ahí:

  • En una vida compartida; no perfecta, pero sí plena.
  • En un amor que construye, que ordena, que sostiene.
  • En ser capaces de decir, algún día, de verdad:

«Donde estabas tú… ahí estaba mi paraíso».

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

María Calvo
Amor en tiempos de sexo

Escritora y conferenciante
Investigadora del ser humano; varón y mujer

Sobre ella:
Jurista y profesora universitaria, combina la docencia con una intensa labor de divulgación sobre familia, educación y antropología de la diferencia sexual. Doctora en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid, donde es profesora titular de Derecho Administrativo, ha sido investigadora visitante en las universidades de Harvard y William & Mary (EE. UU.). Es una de las principales voces en defensa de la educación diferenciada. Autora de varios ensayos sobre libertad de enseñanza y desarrollo personal, colabora habitualmente en medios como ABC, El Mundo o El Confidencial, con una mirada humanista y crítica sobre la cultura contemporánea.

20 de noviembre de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
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