Alba García
«El truco está en pensar que no existen límites»

El pasado 19 de febrero de 2026, dentro del programa HÉROE® de excelencia personal, el Colegio Mayor Santillana acogió una sesión profundamente inspiradora con Alba García, atleta paralímpica de alto nivel, campeona del mundo, olímpica, y referente internacional en salto de longitud.

Lejos de cualquier discurso épico prefabricado, Alba compartió con los asistentes una conversación sincera sobre su vida, el deporte y la manera en la que una persona aprende —día a día— a convivir con los límites… para superarlos.

Alba García en el CM Santillana

Crecer aprendiendo a hacer lo que otros dan por hecho

Alba comenzó recordando su infancia. Nació en una familia sin experiencia previa en discapacidad visual y, como sucede en muchos hogares cuando tal circunstancia llega, el primer impacto fue duro. Sin embargo, en su casa tuvieron una idea muy clara desde el principio: no iban a permitir que la ceguera definiera lo que Alba podría y no podría hacer en su vida.

Eso supuso aprender muchas cosas que para otros niños, apenas requieren esfuerzo consciente: usar bastón, leer y escribir en braille, diferenciar monedas por el tacto o aprender a manejar un ordenador sin ver la pantalla. Todo formaba parte de un proceso largo de autonomía que empezó muy pronto.

«Yo sigo siendo ciega —explicaba— y por tanto sigo teniendo que aprender un montón de cosas».

Pero, más allá de las adaptaciones técnicas, lo que marcó su desarrollo fue algo más sencillo; crecer como una compañera más en el colegio, con profesores que aprendieron a explicar lo que escribían en la pizarra, y con amigos que entendieron e integraron, con naturalidad, sus necesidades.

El descubrimiento del deporte

El deporte apareció casi por casualidad. Un profesor de la ONCE le propuso probar una actividad extraescolar de multideporte. Alba aceptó sin saber muy bien qué esperar… y descubrió un mundo que terminaría cambiando su vida.

Probó diferentes disciplinas hasta que encontró la que realmente le apasionaba, el atletismo.

A partir de ese momento su adolescencia empezó a ser distinta a la de la mayoría de sus amigas. Mientras otros planes giraban en torno al ocio o las salidas de fin de semana, ella tenía entrenamientos, competiciones y viajes deportivos. Era una elección exigente, pero también profundamente ilusionante. «Cuando mis amigas estaban de fiesta, yo estaba durmiendo porque al día siguiente tenía que entrenar». A los 14 años ya estaba compitiendo internacionalmente.

Correr confiando en otra persona

Uno de los momentos más interesantes de la sesión llegó cuando explicó cómo compiten los atletas con discapacidad visual en las pruebas de velocidad.

El atleta y su guía corren unidos por una cuerda de unos diez centímetros. Ambos deben coordinar cada paso como si fueran espejo, es decir, cuando uno adelanta una pierna, el otro hace exactamente lo contrario para evitar tirones. El guía no solo corre, también va narrando lo que ocurre en la pista… Cuántos metros quedan, dónde están los rivales o cualquier situación imprevista.

«Para mí, él es mis ojos, dentro y fuera de la pista».

Más que una ayuda técnica, es una relación basada en una confianza absoluta.

Cuando todo cambia

La trayectoria deportiva de Alba dio un giro radical hace unos años cuando su resto visual disminuyó y pasó a competir en la categoría T11, la de ceguera total. Esto implica competir con antifaz y parches oculares, eliminando tocualquier mínima referencia visual.

Ese cambio supuso empezar casi de nuevo. Además, decidió introducir una nueva disciplina en su carrera, el salto de longitud.

Aprender a saltar sin ver absolutamente nada exige un nivel de concentración y confianza extraordinario. El atleta corre hacia el foso guiado únicamente por la referencia sonora de su entrenador o guía, que marca el punto exacto en el que debe saltar.

«Te dicen ¡ya!, y tienes que saltar al vacío».

El deporte también enseña a perder

En una de las competiciones clave de su carrera, Alba estuvo a punto de conseguir una medalla… hasta que una rival superó su marca por un solo centímetro en el último salto.

Lejos de la frustración, explicó cómo aquel momento marcó un cambio en su relación con el deporte. Había realizado la mejor competición de su vida y comprendió que eso era lo realmente importante.

«Había hecho lo mejor que podía hacer ese día. No podía pedirme más».

Fue el inicio de una forma distinta de competir, con más serenidad y menos presión.

París: competir contra el dolor

La preparación para los Juegos Paralímpicos de París tampoco fue sencilla. A pocos meses de la competición sufrió una grave lesión en ambos pies tras caer fuera del foso en un salto.

El objetivo pasó a ser simplemente llegar a competir.

Fisioterapia diaria, rehabilitación constante y semanas de incertidumbre marcaron los meses previos. Finalmente logró participar en los juegos, aunque reconoce que fue probablemente la competición más dura de su carrera.

El estadio lleno, el rugido del público y la megafonía, dificultaban escuchar las palmas que marcan el punto de salto. En una prueba donde el sonido es la referencia principal, aquello convertía cada intento en un desafío enorme.

Un deporte individual que en realidad es un equipo

Uno de los mensajes más repetidos durante la sesión fue que el atletismo paralímpico, al menos en su caso, no es un deporte individual.

En la pista siempre hay varias personas detrás de cada salto o cada carrera: guías, entrenadores, fisioterapeutas y compañeros de equipo. «En la pista somos dos, tres o cuatro». Por eso Alba insiste en que gran parte de su éxito se debe al equipo que la acompaña.

El truco para avanzar

Hoy Alba compagina el deporte con sus estudios —ha comenzado la carrera de Psicología, y ya terminó Fisioterapia— con proyectos de sensibilización sobre discapacidad.

Cuando le preguntaron qué le ayuda a seguir compitiendo al máximo nivel, su respuesta fue sencilla:

«Pensar que los límites no son tan definitivos como parecen». Porque muchas veces no desaparecen… pero sí se pueden empujar un poco más allá.

Gracias, Alba, por recordarnos que la verdadera superación no siempre consiste en hacer algo extraordinario, sino en atreverse a intentar lo que parecía imposible y que, a veces, el primer paso para lograrlo es tan simple —y tan difícil— como creer que los límites están para superarlos. Si seguimos tu ejemplo, estamos seguros que llegaremos a ser unos auténticos Héroes, como tú.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Alba García
«El truco está en pensar que no existen límites»

Atleta paralímpica

Sobre ella:

Atleta de alto nivel con discapacidad visual, especializada en salto de longitud y velocidad, referente internacional en la categoría T11. Campeona del mundo en salto de longitud, ha construido una trayectoria marcada por la constancia, la superación personal y el alto rendimiento en competiciones internacionales. Su éxito se apoya en una sólida progresión deportiva y en la capacidad de competir al máximo nivel incluso en situaciones adversas, combinando excelencia técnica, fortaleza mental y trabajo en equipo junto a su guía en las pruebas de velocidad.

19 de febrero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®

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