Carlos Martínez @soypichifit, visitó el pasado jueves 19 de marzo de 2026 el Colegio Mayor Santillana, dentro del programa HÉROE® de excelencia personal, para compartir un testimonio profundamente personal, marcado por el contraste entre una vida desordenada y un proceso real de cambio. Bajo el título «De influenciable a influencer», Carlos planteó una reflexión honesta sobre la identidad, la presión social y la posibilidad —siempre abierta— de recomenzar.
Desde el inicio, dejó clara una idea que atravesó toda la sesión: «conócete, acéptate y supérate… pero también disfruta». Una frase de San Agustín que además de incorporar su mensaje (disfruta), es fiel reflejo del camino que ha recorrido.
Carlos Martinez @soypichifit en el CM Santillana
Una historia marcada por el contraste
Carlos comenzó relatando su infancia, atravesada por una enfermedad grave —leucemia— que, aunque apenas recuerda, dejó una huella profunda en su entorno y en su forma de entender la vida. A partir de ahí, describió una adolescencia y juventud marcadas por la inseguridad, la necesidad constante de aprobación y una fuerte desconexión personal.
«Siempre he querido sentirme querido», reconocía. Esa búsqueda le llevó, en muchas ocasiones, a construir una identidad fundamentada en la mirada de los demás, en lugar de en su propia convicción.
Problemas familiares, comparaciones constantes, una autoestima frágil y una sensación de no encajar fueron configurando un contexto en el que, poco a poco, fue tomando decisiones equivocadas: malas compañías, hábitos destructivos y una vida cada vez más desordenada.
«No hacía las cosas por mí, las hacía por lo que esperaba el resto», explicaba con claridad.
Caer, tocar fondo… y empezar a reaccionar
Durante su intervención, Carlos no evitó hablar de sus errores: adicciones, problemas con el juego, conflictos personales, falta de disciplina y una trayectoria académica y profesional marcada por la improvisación.
Lejos de justificarse, asumió su responsabilidad con una honestidad poco habitual: «hacer las cosas mal y encima sentirte mal, es terrible».
El punto de inflexión no fue un gran acontecimiento aislado, sino la acumulación de pequeñas evidencias: una vida que no iba hacia donde él quería. La distancia entre lo que era y lo que deseaba ser se hacía cada vez más evidente.
«Yo quería ser buen hijo, buen profesional, formar una familia… pero mi vida iba en la dirección contraria». Ese choque con la realidad fue el inicio del cambio.
Disciplina frente a motivación
Uno de los aprendizajes centrales de la sesión fue la importancia de la disciplina frente a la motivación. Carlos lo expresó con contundencia: «la motivación dura dos semanas; la disciplina es lo que te sostiene».
El cambio, explicó, no fue inmediato ni espectacular, sino progresivo y trabajado: empezar a cuidar el cuerpo, ordenar los hábitos, establecer rutinas y, sobre todo, tomar decisiones conscientes.
Introdujo tres pilares fundamentales en su proceso:
El cuerpo: deporte, alimentación y descanso como base de estabilidad.
Los hábitos: pequeños cambios sostenidos en el tiempo, sin buscar soluciones rápidas.
El entorno social: aprender a elegir mejor, a decir que no y a no actuar por presión.¡
«Un hábito no es algo que ya no cuesta; es algo que cuesta menos, pero que hay que seguir trabajándolo».
Conocerse, ponerse límites y aprender a caer
Lejos de un discurso idealista, Carlos insistió en la fragilidad humana. «No somos Hulk, somos débiles», afirmaba subrayando la importancia de conocerse bien para poder establecer límites realistas.
Uno de los momentos más valiosos de la sesión fue su reflexión sobre las recaídas: caer no invalida el proceso. Lo verdaderamente importante es la capacidad de volver a levantarse.
«No pasa nada por fallar un día; lo importante es seguir».
A partir de su propia experiencia, explicó cómo el cambio no consiste en eliminar todas las caídas, sino en aprender a gestionarlas sin abandonar el camino.
Reconciliarse con uno mismo
Más allá de lo físico o lo conductual, el cambio más profundo ha sido interior. Carlos habló abiertamente de su dificultad para valorarse, de su tendencia a exigirse en exceso y de la necesidad de aprender a perdonarse.
«Perdonarse no es olvidar; es recordar quién eres y hasta dónde puedes llegar».
Este proceso le ha permitido reconstruir su identidad desde la autenticidad, dejando atrás el personaje que había construido para encajar.
Hoy afirma sentirse en un momento de mayor estabilidad: mejor consigo mismo, con su entorno y con su proyecto de vida.
Dar sentido: de la experiencia al compromiso
Actualmente, Carlos colabora en la fundación vinculada a su historia personal, dedicando parte de su tiempo a ayudar a otras personas. Este paso ha supuesto un cambio de perspectiva: de una vida centrada en sí mismo a una vida orientada al servicio.
«Me di cuenta de que soy muy feliz ayudando».
Además, ha encontrado en la comunicación —y en compartir su testimonio— una vía para transformar su experiencia en algo útil para los demás.
Sin dar lecciones ni fórmulas cerradas, su mensaje fue claro: el cambio es posible, pero exige verdad, esfuerzo y tiempo.
Un mensaje realista para una vida real
Carlos concluyó su intervención con una idea que resume bien el espíritu de la sesión: no se trata de alcanzar la perfección, sino de avanzar con sentido.
A través de su historia, los asistentes pudieron comprobar que el cambio no es lineal, que está lleno de contradicciones, caídas y aprendizajes, pero también que merece la pena, porque es la manera de construir un Héroe® auténtico, de carne y hueso, de los que cambian el mundo.
Superviviente de leucemia infantil y colaborador en iniciativas de apoyo a niños y familias que afrontan el cáncer. Tras superar la enfermedad cuando era niño, ha dedicado parte de su vida a compartir su experiencia y a participar en proyectos sociales vinculados a la lucha contra el cáncer infantil. Actualmente colabora en actividades de sensibilización y apoyo a la Fundación Caíco, entidad que trabaja para mejorar la vida de los niños con cáncer y de sus familias. A través de su testimonio busca transmitir esperanza y concienciar sobre la importancia del acompañamiento, la investigación y el apoyo social durante la enfermedad.
19 de marzo de 2026 Sesión a las 21 h COLEGIO MAYOR SANTILLANA
Claudia Múgica Pasado y presente del terrorismo de ETA; testimonio de los jóvenes
Claudia Múgica visitó, el pasado jueves 16 de abril de 2026, el Colegio Mayor Santillana para ofrecer una sesión que, lejos de ser cómoda, resultó profundamente necesaria. Bajo el título «Pasado y presente del terrorismo de ETA; testimonio de los jóvenes» compartió, no solo datos y contexto histórico, sino también una experiencia personal marcada por el dolor, la memoria y el compromiso con la verdad, porque hay realidades que remueven por dentro, y esta fue una de ellas.
Una historia que no se puede olvidar
Claudia Múgica en el CM Santillana
ETA (Euskadi Ta Askatasuna) nació en 1959 con una motivación política que no tardó en derivar en una espiral de violencia. Su primer asesinato, en 1968, marcó el inicio de una etapa que se prolongaría durante décadas, dejando un balance devastador: 853 víctimas mortales, miles de heridos, decenas de secuestros y una sociedad profundamente tensionada.
Lejos de desaparecer con el fin del franquismo en 1975, la organización intensificó su actividad en los años 80, popularmente conocidos como los «años de plomo», con una media de prácticamente un asesinato al día. A lo largo de su historia, amplió sus objetivos más allá de las fuerzas de seguridad del estado, afectando también a jueces, políticos, periodistas y civiles, en lo que se denominó como «socialización del sufrimiento».
El cese definitivo de la violencia en 2011 y su disolución en 2018 no cierran, sin embargo, las heridas. A día de hoy, un porcentaje significativo de los casos sigue sin resolverse, y muchas familias continúan sin saber quién asesinó a sus seres queridos.
El peso de la historia en primera persona
Claudia no habló desde la distancia. Nieta de Fernando Múgica y sobrina-nieta de Enrique Múgica, su historia familiar está directamente atravesada por el terrorismo. De hecho, ella misma se encontraba en el vientre de su madre cuando asesinaron a su abuelo.
Durante la sesión, proyectó un documental en el que se relata la historia de su familia, y el clima de miedo que se vivía en el País Vasco. Un testimonio que, según confesó, le resultó imposible, durante mucho tiempo, ver sin romper a llorar.
Pero, más allá del dolor, su intervención puso el foco en una realidad incómoda: no solo existió la violencia de la banda terrorista, sino también un entorno social que, en muchos casos, señalaba, aislaba y estigmatizaba a las víctimas, y a sus familias. Una doble herida que no ha sido reconocida.
La memoria como tarea pendiente
Uno de los puntos más impactantes de la sesión fue la reflexión sobre el presente. Claudia denunció cómo, en muchos casos, la sociedad parece conformarse con el hecho de que la violencia haya terminado, sin esforzarse por preservar la memoria de lo ocurrido.
Mostró escenas actuales de homenajes a antiguos miembros de ETA, celebrados como si fueran héroes, y compartió datos preocupantes sobre la percepción de los jóvenes, entre ellos el hecho de que una parte significativa justifique la violencia con fines políticos.
Ante esta realidad, Claudia forma parte de la asociación Ego Non, junto a otros jóvenes —muchos de ellos familiares de víctimas— que trabajan para mantener viva la memoria, contar las historias reales y evitar que el relato se distorsione o se banalice.
Informarse para defender la libertad
Lejos de quedarse en el pasado, la sesión terminó con una llamada clara a la responsabilidad personal. La historia de ETA no es solo un capítulo cerrado, sino una advertencia sobre hasta dónde puede llegar el ser humano cuando se deja arrastrar por la radicalización y la violencia.
«La violencia siempre tiene el mismo final», nos recordó Claudia: un camino que solo conduce al sufrimiento y a la destrucción.
Por eso, el mayor aprendizaje que dejó su testimonio fue sencillo y exigente a la vez: informarse, conocer la verdad y ser capaces de argumentar con rigor en defensa de la libertad y la democracia.
Porque solo desde la memoria es posible construir un futuro más justo. Y solo desde el conocimiento podemos evitar que la historia vuelva a repetirse. Seamos Héroes de verdad, de los que se informan, aprenden y recuerdan para intentar evitar cometer los mismos errores del pasado. Muchas gracias Claudia, por recordarnos una realidad incómoda para nosotros, y dolorosísima para tí, y para miles de víctimas de ETA.
Claudia Múgica Pasado y presente del terrorismo de ETA; testimonio de los jóvenes
Nieta de Fernando Múgica Herzog Miembro Asociación Ego Non
Sobre ella:
Nieta de Fernando Múgica Herzog, abogado y dirigente del PSE-EE en el País Vasco, asesinado por la banda terrorista ETA en San Sebastián el 6 de febrero de 1996. A través de su testimonio participa en encuentros con jóvenes para transmitir la importancia de la memoria de las víctimas del terrorismo y subrayar que la violencia nunca puede justificarse como instrumento político. Colabora en iniciativas educativas y de sensibilización vinculadas a la memoria de las víctimas.
16 de abril de 2026 Sesión a las 21 h COLEGIO MAYOR SANTILLANA
El pasado 12 de marzo de 2026, el Colegio Mayor Santillana acogió una nueva sesión del programa HÉROE® de excelencia personal con Pilar Sancho, productora cinematográfica y ganadora del Goya 2025 al mejor cortometraje documental por Semillas de Kivu. En un encuentro marcado por la cercanía y la crudeza de las historias compartidas, Pilar ofreció una mirada profunda al ámbito de la producción audiovisual, donde la pasión, el riesgo y el compromiso humano se entrelazan constantemente.
Pilar Sancho con el Colegio Mayor Santillana
«La clave de todo es la pasión», afirmó desde el inicio. Una pasión que, lejos de caducar, se renueva en cada proyecto, en cada historia y en cada obstáculo superado. Porque producir cine no es solo encontrar financiación o coordinar equipos; es también decidir cómo se cuenta una historia, acompañar al talento y construir, en equipo, algo que tenga sentido y deje huella.
Historias que cuentan, historias que importan.
Uno de los momentos más impactantes de la sesión fue el relato del rodaje de Semillas de Kivu, un documental que aborda la reconstrucción —física y psicológica— de mujeres víctimas de violencia sexual en la República Democrática del Congo.
Lejos de cualquier comodidad, el equipo tuvo que enfrentarse a enormes dificultades: acceder a la zona, proteger el material, garantizar la seguridad, incluso tuvieron que entrar en el país como turistas, con el equipo de grabación desmontado y oculto entre su ropa. Se hicieron pasar por misioneros, convivieron con el riesgo constante —incluidos los disparos que se escuchaban por la noche— y trabajaron en condiciones extremas, sin apenas recursos ni electricidad.
«El éxito viene muchas veces de las barreras que hemos conseguido superar», explicó Pilar. Y este Goya, sin duda, es fruto de muchas de ellas.
Producir es hacer posible lo imposible.
Pilar explicó que el trabajo de producción consiste, en gran medida, en hacer viable lo que a priori parece inviable: planificar, anticiparse, encontrar soluciones, soportar la presión y acompañar al equipo en cada fase del proyecto.
En el género documental, a diferencia de la ficción, no hay guión cerrado ni actores que se adapten al rodaje: son las historias reales las que marcan el ritmo. «Tú tienes que adaptarte a la vida de las personas», señalaba. Por eso, gran parte del trabajo consiste en encontrar a quienes están dispuestos a contar su historia… y saber reconocer quién puede convertirse en un verdadero personaje.
Además, subrayó la importancia de la financiación: todo proyecto se mueve entre tres presupuestos —el ideal, el realista y aquel al que no quieres acudir— y rara vez se inicia sin una base económica asegurada. En el contexto actual, donde las ayudas públicas cubren desde un 50% hasta un 80%, el resto depende de financiación privada, lo que exige una constante labor de búsqueda, creatividad, negociación y confianza.
Cine que transforma la realidad
Más allá de lo técnico, Pilar insistió en el poder del cine como herramienta de transformación social. Frente a informes y datos, las imágenes tienen la capacidad de generar impacto emocional, de movilizar conciencias y de acercar realidades que, de otro modo, permanecerían lejanas.
Semillas de Kivu ya ha sido proyectado en Naciones Unidas, y el siguiente paso está siendo convertirlo en largometraje, con el propósito de contar la historia, y aportar pruebas que permitan llevar a los responsables ante la justicia internacional.
«Siempre quiero tratar temas donde pocos han entrado, o hacerlo desde otra perspectiva», afirmó. Historias humanas, donde vidas y obras se entrelazan para ofrecer una mirada más profunda y auténtica de la persona.
Gracias a esta sesión del programa HÉROE®, los asistentes pudieron comprender que el cine no es solo entretenimiento, sino también responsabilidad, compromiso y valentía. Que detrás de cada historia hay un equipo que decide dar un paso al frente, incluso cuando no es fácil. Y que, cuando se hace con verdad y pasión, el cine puede convertirse en una de las herramientas más poderosas para cambiar el mundo.
Muchas gracias, Pilar, por mostrarnos que contar historias también es una forma de hacer justicia, ojalá nosotros lleguemos a ser unos auténticos Héroes con un grado de compromiso tan grande que nos permita construir un mundo mejor.
Productora de cine Goya 2025 mejor cortometraje documental
Sobre ella:
Productora cinematográfica especializada en producción audiovisual y coproducciones internacionales. Inició su trayectoria en productoras como Filmayer Internacional y Magic Films, participando en proyectos como Los renglones torcidos de Dios o en la financiación de largometrajes como La distancia más larga, nominada al Goya en 2015 y ganadora del Premio Platino. Ha trabajado en coproducciones con países como Francia, Italia, Irán, México y Venezuela. En 2025 obtuvo el Premio Goya al Mejor Cortometraje Documental por Semillas de Kivu, y sus proyectos han participado en festivales internacionales como la Biennale de Venecia, la Berlinale o Sundance.
12 de marzo de 2026 Sesión a las 21 h COLEGIO MAYOR SANTILLANA
Álvaro Pérez Álvarez Posverdad, ¿cuándo la verdad dejó de importar?
¿Cuándo la verdad dejó de importar?
El pasado 26 de febrero de 2025, el periodista y filósofo Álvaro Pérez Álvarez visitó el Colegio Mayor Santillana dentro del programa HÉROE® de excelencia personal para plantearnos una pregunta incómoda, pero urgente:
¿Cuándo la verdad dejó de importar?
Lo que parecía una sesión sobre fake news terminó siendo una reflexión mucho más profunda sobre el contexto cultural en el que vivimos, nuestra responsabilidad como universitarios, y el modo en el que consumimos —y producimos— información.
Álvaro Pérez en el CM SANTILLANA
No es solo desinformación; es posverdad.
Cuando uno escucha el término posverdad piensa inmediatamente en desinformación o noticias falsas. Pero Álvaro fue más allá y lo definió con precisión:
«La posverdad es la distorsión deliberada de la realidad para influir o manipular las creencias de la opinión pública».
Es, en el fondo, la mentira, pero con traje elegante. Y entonces es cuando surge la gran cuestión: Si la mentira ha existido siempre, ¿por qué ahora hablamos tanto de ella?
La mentira no es nueva; el contexto, sí.
Álvaro nos puso ejemplos para ilustrarnos de la evolución histórica de las fake news. Así, en 1898 se publicó un dibujo de un barco estadounidense hundiéndose frente a la costa de Cuba. La ilustración se interpretó y difundió como «España hunde un barco estadounidense». Un mes después, estalló la guerra.
Incluso nos enseñó cómo en 1903 ya aparecía el término fake news en la prensa estadounidense. La manipulación no es un invento del siglo XXI.
Entonces, ¿qué ha cambiado? La respuesta es el contexto.
Vivimos en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo.
Tenemos acceso masivo a la información.
Cualquier persona puede llegar a millones de personas en segundos.
Y, además, tendemos a creer aquello que confirma lo que ya pensábamos. Eso tiene nombre: sesgo de confirmación, porque lo que refuerza nuestros prejuicios nos resulta más fácil de aceptar. No solo elegimos qué leer, elegimos qué creer.
Antes, las mentiras tenían consecuencias
Hubo un tiempo en el que la prensa amarilla estaba diferenciada de la prensa seria. Si alguien mentía, pagaba un precio. Había consecuencias reputacionales, profesionales, sociales.
Hoy la mentira circula, se comparte, se viraliza… y muchas veces no ocurre nada. El problema no es solo que existan noticias falsas, sino que hemos normalizado un contexto donde la verdad compite en inferioridad de condiciones frente a lo emocional, lo inmediato y lo conveniente.
¿Qué podemos hacer?
Álvaro fue claro: no hay recetas mágicas, pero sí responsabilidades.
Si tuviera que resumirse en tres acciones, serían estas:
Leer —de verdad—. No basta con saber juntar letras. Hace falta una lectura crítica, universitaria. Preguntarse: ¿Por qué dicen esto? ¿Para qué lo dicen? ¿Desde qué marco lo cuentan?
No puede haber democracia sin prensa libre. Y no puede haber ciudadanos libres sin pensamiento crítico.
Formarnos. Aunque seamos excelentes técnicamente en nuestra disciplina, trabajamos con personas. Y las personas necesitan criterio, profundidad y cabeza bien formada.
Manejar bien las fuentes. Verificar, contrastar, acudir a información rigurosa. No compartir automáticamente lo primero que confirma lo que ya pensamos.
Una responsabilidad universitaria
Durante años, también desde el ámbito político y mediático, se ha repetido que «la verdad es poliédrica», que todo es interpretable. En parte, reconocía Álvaro, el propio periodismo ha contribuido a esta deriva.
Pero en medio de esta complejidad surge una afirmación clara: A nosotros, que somos universitarios, la verdad nunca debería dejarnos de importar. La universidad no es solo un lugar para adquirir competencias técnicas, es un espacio para aprender a pensar; y pensar exige amor por la verdad.
En el Colegio Mayor Santillana seguimos trabajando para que el programa HÉROE® no sea solo un ciclo de conferencias, sino un espacio donde se entrenen las virtudes intelectuales y humanas que sostienen una sociedad libre.
Porque si la verdad deja de importar, todo lo demás se tambalea. Y porque ser universitario implica una responsabilidad: buscarla, defenderla y vivir de acuerdo con ella.
Gracias, Álvaro, por recordarnos que la verdad no es una opción estética, sino un compromiso moral, aunque tengamos que ser, en nuestro tiempo actual, unos auténticos Héroes para cumplirlo.
Álvaro Pérez Álvarez Posverdad, ¿cuándo la verdad dejó de importar?
Periodista y filósofo
Sobre él:
Periodista y profesor universitario, especializado en escritura periodística, ética del periodismo y análisis del discurso público. Licenciado en Filosofía y Periodismo y doctor por la Universidad de Navarra, ha investigado de forma extensa la obra de Manuel Chaves Nogales, referente del periodismo basado en los hechos y la honestidad intelectual. Entre 2017 y 2025 fue decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo, donde impartía docencia en redacción, opinión y periodismo narrativo, y reflexionaba sobre el impacto de la posverdad en la información, la opinión pública y la formación de periodistas.
26 de febrero de 2025 Sesión a las 21 h COLEGIO MAYOR SANTILLANA
Alba García «El truco está en pensar que no existen límites»
El pasado 19 de febrero de 2026, dentro del programa HÉROE® de excelencia personal, el Colegio Mayor Santillana acogió una sesión profundamente inspiradora con Alba García, atleta paralímpica de alto nivel, campeona del mundo, olímpica, y referente internacional en salto de longitud.
Lejos de cualquier discurso épico prefabricado, Alba compartió con los asistentes una conversación sincera sobre su vida, el deporte y la manera en la que una persona aprende —día a día— a convivir con los límites… para superarlos.
Alba García en el CM Santillana
Crecer aprendiendo a hacer lo que otros dan por hecho
Alba comenzó recordando su infancia. Nació en una familia sin experiencia previa en discapacidad visual y, como sucede en muchos hogares cuando tal circunstancia llega, el primer impacto fue duro. Sin embargo, en su casa tuvieron una idea muy clara desde el principio: no iban a permitir que la ceguera definiera lo que Alba podría y no podría hacer en su vida.
Eso supuso aprender muchas cosas que para otros niños, apenas requieren esfuerzo consciente: usar bastón, leer y escribir en braille, diferenciar monedas por el tacto o aprender a manejar un ordenador sin ver la pantalla. Todo formaba parte de un proceso largo de autonomía que empezó muy pronto.
«Yo sigo siendo ciega —explicaba— y por tanto sigo teniendo que aprender un montón de cosas».
Pero, más allá de las adaptaciones técnicas, lo que marcó su desarrollo fue algo más sencillo; crecer como una compañera más en el colegio, con profesores que aprendieron a explicar lo que escribían en la pizarra, y con amigos que entendieron e integraron, con naturalidad, sus necesidades.
El descubrimiento del deporte
El deporte apareció casi por casualidad. Un profesor de la ONCE le propuso probar una actividad extraescolar de multideporte. Alba aceptó sin saber muy bien qué esperar… y descubrió un mundo que terminaría cambiando su vida.
Probó diferentes disciplinas hasta que encontró la que realmente le apasionaba, el atletismo.
A partir de ese momento su adolescencia empezó a ser distinta a la de la mayoría de sus amigas. Mientras otros planes giraban en torno al ocio o las salidas de fin de semana, ella tenía entrenamientos, competiciones y viajes deportivos. Era una elección exigente, pero también profundamente ilusionante. «Cuando mis amigas estaban de fiesta, yo estaba durmiendo porque al día siguiente tenía que entrenar». A los 14 años ya estaba compitiendo internacionalmente.
Correr confiando en otra persona
Uno de los momentos más interesantes de la sesión llegó cuando explicó cómo compiten los atletas con discapacidad visual en las pruebas de velocidad.
El atleta y su guía corren unidos por una cuerda de unos diez centímetros. Ambos deben coordinar cada paso como si fueran espejo, es decir, cuando uno adelanta una pierna, el otro hace exactamente lo contrario para evitar tirones. El guía no solo corre, también va narrando lo que ocurre en la pista… Cuántos metros quedan, dónde están los rivales o cualquier situación imprevista.
«Para mí, él es mis ojos, dentro y fuera de la pista».
Más que una ayuda técnica, es una relación basada en una confianza absoluta.
Cuando todo cambia
La trayectoria deportiva de Alba dio un giro radical hace unos años cuando su resto visual disminuyó y pasó a competir en la categoría T11, la de ceguera total. Esto implica competir con antifaz y parches oculares, eliminando tocualquier mínima referencia visual.
Ese cambio supuso empezar casi de nuevo. Además, decidió introducir una nueva disciplina en su carrera, el salto de longitud.
Aprender a saltar sin ver absolutamente nada exige un nivel de concentración y confianza extraordinario. El atleta corre hacia el foso guiado únicamente por la referencia sonora de su entrenador o guía, que marca el punto exacto en el que debe saltar.
«Te dicen ¡ya!, y tienes que saltar al vacío».
El deporte también enseña a perder
En una de las competiciones clave de su carrera, Alba estuvo a punto de conseguir una medalla… hasta que una rival superó su marca por un solo centímetro en el último salto.
Lejos de la frustración, explicó cómo aquel momento marcó un cambio en su relación con el deporte. Había realizado la mejor competición de su vida y comprendió que eso era lo realmente importante.
«Había hecho lo mejor que podía hacer ese día. No podía pedirme más».
Fue el inicio de una forma distinta de competir, con más serenidad y menos presión.
París: competir contra el dolor
La preparación para los Juegos Paralímpicos de París tampoco fue sencilla. A pocos meses de la competición sufrió una grave lesión en ambos pies tras caer fuera del foso en un salto.
El objetivo pasó a ser simplemente llegar a competir.
Fisioterapia diaria, rehabilitación constante y semanas de incertidumbre marcaron los meses previos. Finalmente logró participar en los juegos, aunque reconoce que fue probablemente la competición más dura de su carrera.
El estadio lleno, el rugido del público y la megafonía, dificultaban escuchar las palmas que marcan el punto de salto. En una prueba donde el sonido es la referencia principal, aquello convertía cada intento en un desafío enorme.
Un deporte individual que en realidad es un equipo
Uno de los mensajes más repetidos durante la sesión fue que el atletismo paralímpico, al menos en su caso, no es un deporte individual.
En la pista siempre hay varias personas detrás de cada salto o cada carrera: guías, entrenadores, fisioterapeutas y compañeros de equipo. «En la pista somos dos, tres o cuatro». Por eso Alba insiste en que gran parte de su éxito se debe al equipo que la acompaña.
El truco para avanzar
Hoy Alba compagina el deporte con sus estudios —ha comenzado la carrera de Psicología, y ya terminó Fisioterapia— con proyectos de sensibilización sobre discapacidad.
Cuando le preguntaron qué le ayuda a seguir compitiendo al máximo nivel, su respuesta fue sencilla:
«Pensar que los límites no son tan definitivos como parecen». Porque muchas veces no desaparecen… pero sí se pueden empujar un poco más allá.
Gracias, Alba, por recordarnos que la verdadera superación no siempre consiste en hacer algo extraordinario, sino en atreverse a intentar lo que parecía imposible y que, a veces, el primer paso para lograrlo es tan simple —y tan difícil— como creer que los límites están para superarlos. Si seguimos tu ejemplo, estamos seguros que llegaremos a ser unos auténticos Héroes, como tú.
Alba García «El truco está en pensar que no existen límites»
Atleta paralímpica
Sobre ella:
Atleta de alto nivel con discapacidad visual, especializada en salto de longitud y velocidad, referente internacional en la categoría T11. Campeona del mundo en salto de longitud, ha construido una trayectoria marcada por la constancia, la superación personal y el alto rendimiento en competiciones internacionales. Su éxito se apoya en una sólida progresión deportiva y en la capacidad de competir al máximo nivel incluso en situaciones adversas, combinando excelencia técnica, fortaleza mental y trabajo en equipo junto a su guía en las pruebas de velocidad.
19 de febrero de 2025 Sesión a las 21 h COLEGIO MAYOR SANTILLANA
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