La segunda sesión de HÉROE de este curso 2022/2023 contó con un invitado que, por cuestiones de seguridad, no podemos revelar su identidad
Esta mañana, antes de salir de casa para comenzar mi jornada laboral, he ido a la habitación de mis hijas y me he quedado unos instantes observándolas y sintiendo su paz y su tranquilidad mientras dormían. En ese momento me ha invadido una enorme gratitud hacia todas las personas que hacen posible que ellas puedan dormir toda la noche en un país que garantiza su seguridad y su libertad.
Una de las instituciones cuya función es garantizar todo esto, dentro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, es la Policía Nacional, a cuyos miembros pocas veces les damos el agradecimiento y reconocimiento que se merecen.
Por eso, en el Colegio Mayor Santillana, valoramos enormemente la visita que nos hizo, el pasado jueves 22 de septiembre, un destacado miembro de este cuerpo.
Pero ¿qué son estas operaciones especiales?
De estos grupos se suele conocer muy poco, y es necesario que sea así, ya que su anonimato es fundamental par poder realizar su labor; el mero hecho de que la cara de uno de sus miembros se haga pública puede ser peligroso para su seguridad personal. Más tarde veremos el porqué, pero antes conozcamos un poco más su historia.
El término operaciones especiales tiene su origen en el ejército. Los GEO (comandos) son unidades militares pequeñas que tienen como misión infiltrarse dentro de las líneas enemigas, entrar en el núcleo más sensible del enemigo y golpearle desde dentro.
A nivel mundial, surgen a raíz de los atentados de Munich en 1972, cuando la policía alemana crea el GSG 9 para solucionar este tipo de «nuevos» conflictos, siendo este grupo el embrión de todos los que vinieron a continuación.
En el caso español, el GEO se crea en 1978 a imagen y semejanza de este grupo alemán y con sede «provisional» en Guadalajara, donde continúan a fecha de hoy, casi 45 años después.
Además de esta unidad central, a medida que son más necesarias estas intervenciones (por ejemplo, ante el auge de los atracos de bancos en los años 80 del siglo pasado) se ve la necesidad de crear grupos más pequeños, y comienzan a surgir los GOES (grupos operativos especiales de seguridad) con el objetivo de poder llegar rápido a estas actuaciones, donde la inmediatez es un elemento clave para el éxito de la misión.
Y es que ellos realizan las intervenciones más extremas y peligrosas, van «a por lo peor de lo peor»: terroristas, rehenes, crimen organizado, extradiciones en situaciones de guerra de delegaciones diplomáticas y personal español, asalto de barcos en alta mar, droga…
Para tener éxito en tan difícil empresa, los GEO se sostienen sobre 3 grandes pilares:
Una rigurosísima selección del personal. El grupo tienen que sentirse invulnerable porque van a tener que luchar contra lo más sanguinario de la sociedad y tienen que sentir que van a ganar la batalla.
Unas técnicas y unos entrenamientos intensos y vanguardistas.
El mejor equipamiento que exista en cada momento.
En definitiva, hay que adelantarse a la creatividad, el ingenio y los grandes recursos económicos de los grupos del crimen organizado, que están continuamente buscando nuevas maneras de conseguir sus objetivos y burlar el control policial. Esto quiere decir que crear un grupo y mantenerlo es costosísimo, pero no dudéis que merece la pena.
Y es que, aunque en todas las sociedades haya delitos y siempre los vaya a haber, el objetivo del estado debe ser que el nivel de delito sea asumible por la ciudadanía y que el delincuente se vea perseguido y asediado por el control policial ya que, si el delincuente tiene una sensación de impunidad, el estado tiene un problema.
Nuestro invitado nos dejó claro que la policía siempre busca el equilibrio entre la libertad y la seguridad, y que, normalmente, cuanta más libertad goza el ciudadano menos seguridad tiene y viceversa. Y en ese equilibrio está la situación ideal, porque una policía más violenta no hace una sociedad más segura. Por eso, debemos sentirnos muy orgullosos de España y de nuestra seguridad, al estar entre los 10 países del mundo con una menor tasa de homicidios.
Nos dejó ver que elegir el camino de la delincuencia nunca es una buena opción y que si lo hacemos va a ser muy difícil que durmamos por las noches, y no solo por el dilema moral, sino porque además de las bandas rivales, tus enemigos, tus acreedores…la policía siempre va a estar acechándote para llevarte al sitio donde la ley dice que debes estar.
Por eso nos recomendó que, si queremos tener una gran carrera profesional, seamos buenas personas, coherentes con nuestros principios. Si ese es el pilar sobre el que la construimos, seguro que nunca se derrumba lo que consigamos ir sumando cada día.
También nos compartió la filosofía de vida de un GEO, forjada en la mejora personal y profesional continua y nos invitó a que sigamos estos principios para que nos vaya bien en la vida. Seguramente nunca lleguemos a ser perfectos, pero si intentamos mejorar un poco cada día seremos, sin duda, excelentes.
Muchas gracias por tu visita y por todo lo que nos aportaste. Extiende nuestro infinito agradecimiento a todos los que trabajáis tan duro, con tanta ilusión y vocación para que nuestros hijos puedan dormir cada noche en un país que garantiza su seguridad y su libertad.
Os puedo asegurar que cuando leí la pregunta del título de la sesión Héroe® de Blas Chamorro del pasado 29 de septiembre, intuía que las 3 cosas eran distintas, pero no sabía muy bien el porqué. Afortunadamente tuvimos la suerte de contar con un gran especialista en salud física que nos explicó claramente que:
Si tienes un objetivo claro, lo que haces es entrenar.
Si simplemente quieres tener buena salud, haces ejercicio.
Si quieres explorar todas las posibilidades que te ofrece tu cuerpo, te conviertes en un mover y si trabajas esto muchas horas al día para rendir al más alto nivel, te conviertes en un practitioner.
Fotografía: Rafael Parra
Muy bien, y de todo esto, ¿qué es lo mejor? La respuesta, como diría un buen gallego debería ser… «Depende». Y es que no hay una solución general para todo el mundo, sino que debe estar adaptada a la realidad de cada uno: «quién soy, qué edad tengo, en qué momento vital me encuentro, cómo es mi físico…».
Porque Blas nos dejó claro que si queremos estar «a tope de power» debemos hacernos dos sencillas preguntas:
¿Quién me considero hoy, respecto de mi actividad física y salud?
¿Cómo me gustaría estar en este aspecto dentro de 10 años?
Una vez que tuviéramos esto claro, deberíamos elegir lo que más nos conviene dentro de lo que nos gusta, nos apasione… y es que es muy importante que la actividad física que hagamos signifique algo para nosotros, porque en caso contrario no vamos a involucrar a nuestra parte emocional. Si conseguimos que lo que hagamos nos emocione, va a impactar positivamente en nosotros, en los demás y en nuestro entorno.
Vale, muy bien, pero si aún no nos emociona nada y queremos probar cosas… ¿Qué hacemos? Blas nos dio muchas pistas de cómo somos los seres humanos para ayudarnos a elegir lo que más nos conviene:
1. Como especie estamos preparados físicamente para luchar o huir. Nuestra genética de cazador nos condiciona en este aspecto, por eso:
Todos tenemos un corredor de resistencia dentro. Es curioso como el ser humano, siendo muy malo en velocidad y potencia, pero muy bueno en resistencia, le concede más importancia a la velocidad y la explosividad, ¿por qué será?
Lesionarse corriendo debería ser imposible. Sin embargo, la ciencia dice que los corredores habituales suelen tener una lesión por año (más del 50%). Esto es por dos factores: el excesivo tiempo que pasamos sentados (y nuestro cuerpo no está preparado para estarlo) y el hecho de llevar calzado (somos el único animal que lo hacemos y el que más se lesiona).
Si no huimos, vamos a luchar. Por eso, las artes marciales nos pueden ayudar en nuestro desarrollo: el boxeo o las luchas que van por el suelo (capoeira, brazilian, jiu jitsu) nos pueden ayudar mucho porque tenemos que estar continuamente buscando la solución (resolving problems).
2. Después de entender nuestro yo más primario, vamos a utilizar nuestro cerebro conscientemente. Para esto, algo que nos hace muy bien es bailar. La danza nos ayuda a mejorar en todo: multiplica las conexiones de mi cerebro, me ayuda a emocionarme, me enseña nuevos patrones de movimiento.
3. También los deportes de equipo, que hacen que tengas que entender y desarrollar una estrategia común, tanto de tu equipo como del rival.
Vale, pero a lo mejor esto del deporte no es para mí (suele ser una gran excusa del español medio), ¿verdad? Para huir de estas excusas le preguntamos a Blas, ¿por qué deberíamos comenzar a hacer deporte?
El hecho de estar en comunidad nos gusta a todos, incluso en los deportes individuales.
Tener actividad física te prepara para lo que pueda venir, te pone en esa parte de sufrir un poco, fundamental en la etapa de la vida entre los 20 y los 40 años. Las personas que nunca han sufrido, cuando tienen un problema estresante no saben afrontarlo.
Es muy importante «construirse» desde pequeños, que es cuando más neuroplasticidad tengo. Los riesgos de lesiones de alguien que no se ha movido de joven es mucho más alto que los de alguien que ha estado físicamente muy activo.
Respecto de la nutrición, lo más importante es conocer tu metabolismo, el fuego que quema lo que le echas. Ese metabolismo depende de nuestra actividad física, por eso cuanto más nos movamos, más quemaremos.
Y no debemos olvidarnos de un buen descanso que, a diferencia de lo que podamos creer, es igual de importante que todo lo anterior.
Por eso Blas nos recomendó no dejarnos llevar por modas ni obsesionarnos por llevar nuestro cuerpo al límite, y terminó la sesión con un simple pero gran consejo:
«Pregúntate como estás, a donde quieres llegar y encuentra la mejor manera de hacer deporte para conseguirlo. No te obsesiones y busca siempre el equilibrio entre una vida activa, una alimentación saludable y un descanso enriquecedor. Si consigues esto, tu cuerpo y tu mente te ayudarán a afrontar todo lo que tengas en la vida».
«La necesidad de la concordia; ayer, hoy y mañana»
“Si sirvo para algo es para acordar; siempre me he dedicado a resolver conflictos, a alcanzar acuerdos para no tener que llegar a los tribunales”
Con esta frase comenzaron las sesiones de desarrollo personal del programa Héroe® del Colegio Mayor Santillana en su curso 2022-2023. Adolfo Suárez vino a hablarnos de la necesidad de la concordia, el diálogo y el entendimiento frente a la polarización y el enfrentamiento que tanto tenemos presente en la época actual.
Fotografía: Rafael Parra
Adolfo nos hizo ver que todos los mortales convivimos con otros seres humanos en constante discrepancia y, sin embargo, eso no nos impide formar familias, vivir en sociedad o constituir empresas, ya que no hace falta estar al 100% de acuerdo con alguien para desarrollar un proyecto en común. Y es por eso hay que llegar acuerdos, siempre basados en la concordia.
Pero ¿qué es la concordia? Para entenderlo nos citó a su propio padre en la entrega de Premios Príncipe de Asturias (ahora Princesa), en 1996 donde pronunció su célebre frase:
“La concordia es el respeto al que no piensa como tú y no es tu enemigo, sino tu complementario”.
Y es que debemos tener claro que existe un espacio en el que cabemos todos, y que para poder convivir debemos ponernos de acuerdo en lo básico: “queremos vivir juntos y debe haber un conjunto de normas básicas que debemos respetar”.
Hoy en día estamos haciendo algo muy alejado de esa idea, recurrimos al sentimiento en vez de a la razón y eso provoca polarización. Socialmente parece un signo de debilidad estar de acuerdo con otro y se valoran más la vehemencia y el sentimiento desacerbado. Pero no debemos equivocarnos, estar de acuerdo no significa renunciar sino compartir.
No debemos olvidar que la experiencia y la historia nos dicen que ese camino no es el correcto. SI echamos la vista atrás podemos ver cómo los discursos en el congreso, durante la segunda república, eran de este tipo (Incluso llegaron a sacar pistolas en el parlamento; como curiosidad Adolfo nos contó que, desde entonces, hay un artículo del reglamento que prohíbe llevar armas en la cámara baja). Ya sabemos todos lo que pasó después.
Puede parecer que esa concordia es sencilla de alcanzar, pero no es así para nada. Esa actitud ante la vida es muy difícil de asumir, interiorizar y llevarla a la práctica. Cuando alguien nos hable de la transición, por ejemplo, no debemos caer en el error de pensar que todo fue un camino de rosas; por el contrario, fue muy difícil llegar a acuerdos. Sin embargo, había un sentimiento global más fuerte que cada una de las individualidades: “El sufrimiento que había pasado España hasta ese momento”.
Esa fue la clave de lo que se llamó “El espíritu de la transición”. Entender, a pesar de tener todo el derecho del mundo a sentir odio y rencor, que hay que dejarlo a un lado para pasar página.
Por eso, cuando Adolfo escucha a gente joven hablando con ese odio, ira o rencor sin saber lo que son el sufrimiento, la guerra o la muerte, se le ponen los pelos de punta. Mucho más cuando en el parlamento se dicen tantas salvajadas, porque eso es llevar lo peor de la calle a las instituciones.
La concordia no es renunciar a tu forma de ser o de pensar, sino admitir que hay otros que piensan distinto. Y no se trata de imponer mis convicciones, sino de aceptar y ¿por qué no? intentar convencer al que no piensa como yo, pero siempre desde el respeto.
La clase política cada vez está más distanciada de la sociedad y eso provoca que la gente esté muy desencantada de la política. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestro voto vale muchísimo más de lo que pensamos. Nos equivocamos si pensamos que no tenemos el poder, ya que nuestros representantes están sentados en el congreso porque un ciudadano les votó. Y nuestro voto es la clave para cambiar las cosas.
Porque no debemos olvidar que la democracia consiste en que todos valemos lo mismo, todos decidimos igual. Y la política no se debe basar en el enfrentamiento, sino en buscar las maneras de conforman mayorías, que son las encargadas de generar estos cambios.
Esas mayorías nunca las conseguiremos generando odio. Esto solo provocará más odio, enfrentamiento y polarización. Una vez que entramos en este círculo vicioso, encendemos una mecha que prende muy rápido pero que es muy difícil de apagar.
Por último, y para despedirse, nos dejó un mensaje fundamental: la concordia es un sentimiento, una conducta que cada uno debe imponerse a sí mismo de respeto al otro. Está en nosotros la manera en que afrontemos las relaciones sociales y los conflictos que, siempre, van a aparecer en nuestras vidas.
Muchas gracias, Adolfo, por darnos una gran lección de lo que es no querer llevar la razón o ganar, sino entender que el bien común y la concordia entre los seres humanos solo se dará desde el respecto a las normas, esas reglas del juego que, entre todos, hemos diseñado. Si queremos cambiar algo, ya sabemos…Conseguir 176 escaños que representen el sentimiento mayoritario de una sociedad que, sin duda, seremos responsables de ayudar a construir.
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