Seydu Zachariah

Seydu Zachariah

Seydu Zachariah
Niños rotos de Sierra Leona

La creatividad como salvavidas; infancia, exilio y música para reconstruir la esperanza.

Seydu comenzó su sesión del programa HÉROE®, el pasado jueves 15 de enero de 2026, de una manera inesperada: cantando. 

Sonriente, agradecido, y con una cercanía sorprendente, rompió desde el primer minuto cualquier distancia con los colegiales. Era la primera vez que muchos veían algo así en una sesión HÉROE®, y no fue casual. Para Seydu, la música no es un adorno: es memoria, es identidad, y es supervivencia.

Nacido en Freetown, una ciudad creada para acoger a esclavos liberados tras la abolición de la esclavitud. Seydu quiso comenzar recordando algo esencial: la libertad es frágil y hay que cuidarla. Sierra Leona —insistía— es un país herido, pero hermoso, que lucha por no volver a perder lo que tanto costó conquistar, la libertad.

Una infancia sin infancia

Seydu en el Colegio mayor Santillana

Su relato nos trasladó a una niñez marcada por la escasez. Caminar varios kilómetros cada día para ir a la escuela a aprender, bajo un árbol, con un maestro que había combatido en la Segunda Guerra Mundial y les enseñaba el poco inglés que había adquirido de sus antiguos amos. Comer no era algo que estuviera asegurado; en casa no había nada, así es que se ingería lo que se encontraba por el camino de vuelta de la escuela. Subir a los árboles para llevarse algo a la boca era parte de lo cotidiano.

A los once años, casi jugando, su vida dio un giro radical. Junto a dos amigos mayores, accedió a un barco escalando por el ancla con la ilusión de llegar a Las Palmas de Gran Canaria. Su sueño era tan simple como enorme: estudiar. En Sierra Leona, explicaba, solo estudiaban ricos, los hijos de los políticos. Ellos no tenían futuro allí.

Antes de que el barco zarpara, sus compañeros se lanzaron al mar, pero no Seydu, que no sabía nadar. El ancla levó, la oscuridad lo envolvió y quedó atrapado en la proa, sin agua, bajo un sol abrasador que calentaba intensamente su habitáculo. Durante días estuvo allí, deshidratándose, hasta que un contramaestre lo descubrió por casualidad.

La conciencia de un capitán

El capitán fue claro: lo habitual con un polizón era arrojarlo al mar. Él mismo era la máxima autoridad del buque y debía responder ante aduanas. Pero no lo hizo. Tenía hijos de su edad y no podía vivir con esa decisión. Le ofreció una alternativa: trabajar como un tripulante más.

Así, Seydu se convirtió en camarero, limpiador y ayudante del cocinero Pepe. Trabajaba todo el día. En su primer puerto, le dieron diez dólares. Se compró un radiocassette. La música volvió a aparecer. Bailaba en cubierta y la tripulación bailaba con él. La alegría entró en el barco.

Cuando llegaron a Gran Canaria, el capitán le dio doscientos dólares y una última instrucción: «Dijiste que querías estudiar. No lo olvides».

Vivir sin papeles, vivir sin nada

Seydu vagó por las calles sin idioma, sin contactos, sin saber por dónde empezar. Descubrió que, si quería estudiar, debía ir a Madrid. Un desconocido le compró el billete y le dio unas pocas pesetas. No tenía pasaporte. No tenía estudios.

Madrid fue frío, literal y simbólicamente. Vivió en el metro, en el Retiro, en la calle. Conoció conventos, parroquias, y guardó colas para poder acceder a un bocadillo. Durante más de siete años fue un sinhogar más. El único extranjero entre muchos jóvenes españoles que también habían terminado allí por rebeldía o abandono.

Pero cada día se acercaba al conservatorio. Esperaba en la puerta. Una semana. Diez días. Hasta que el director le preguntó qué hacía allí. Quiero estudiar. Finalmente, le dejó pasar. Le dio una silla, y le pidió una sola cosa: que estuviera allí cada mañana a las ocho.

La música abre caminos

Estudió, practicó, tocó instrumentos improvisados, fabricados con lo que encontraba. Tocaba en la calle. Hasta que un día, en El Retiro, dos hombres se detuvieron a escucharle. Eran Raimundo Amador y Kiko Veneno. Lo invitaron a comer. Le propusieron una actuación en televisión. Se lo llevaron a Sevilla.

Vinieron los discos, las giras, cientos de conciertos. Seydu se convirtió en percusionista, recorrió España y conoció a artistas como Alejandro Sanz o Stevie Wonder. Pero nunca olvidó de dónde venía.

Devolver lo recibido

Por eso creó Diamond Child, una escuela en Sierra Leona en la que hoy estudian más de 700 jóvenes: niños de la calle, excombatientes, víctimas de una guerra donde muchos crecieron con un kalashnikov en las manos. Un lugar especialmente necesario para niñas y mujeres, que sufrieron una violencia extrema.

Sierra Leona, decía, es un país que lucha por salir adelante. Y Diamond Child es un espacio donde los jóvenes reciben algo más que educación: reciben amor, dignidad y futuro.

Crear para sobrevivir

Seydu terminó la sesión tocando un instrumento construido con una caja de madera, varillas de paraguas y una lata de refresco. Y dejó una idea grabada en la sala:

«Una de las mejores cosas que tenemos los seres humanos es la creatividad».

La creatividad como refugio. Como salida. Como forma de resistir cuando todo falla.

Gracias a esta sesión del programa HÉROE®, los colegiales no escucharon solo una historia extraordinaria, sino una lección profunda sobre la dignidad humana, la perseverancia y el poder transformador del talento cuando se pone al servicio de los demás.

Gracias, Seydu, por tu música, por tu verdad y por recordarnos que incluso en la oscuridad más cerrada, siempre puede aparecer una canción que nos devuelva la luz.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Seydu Zachariah
Niños rotos de Sierra Leona

Músico y fundador de Diamond Child School

Sobre él:
Anthony Seydu Zachariah Jalloh es músico sierraleonés y único exponente de la palm wine music, tradición sonora del África Occidental vinculada al vino de palma. Nacido en Freetown, se formó en Bellas Artes y música en Sierra Leona y Londres. Fue miembro de la National Dance Troupe y colaboró con artistas como Fela Kuti, Youssou N’Dour o Manu Dibango. Reside en Madrid desde 1988, donde ha trabajado con músicos como Serrat o Alejandro Sanz y ha publicado los álbumes Freetown (1998), Diamond Tears (2001) y Sadaka (The Gift) (2016) En 2004 fundó la ONG Diamond Child School of Arts and Culture, desde la que impulsa una escuela-taller de arte en Freetown.

15 de enero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ® 

Maria Calvo Charro

Maria Calvo Charro

María Calvo
Amor en tiempos de sexo

La noche del jueves 20 de noviembre del 2025, el Colegio Mayor Santillana volvió a detenerse para escuchar una voz valiente y afilada. María Calvo —jurista, escritora, e investigadora del ser humano, del varón y la mujer— se presentó ante nuestros colegiales con una idea tan sencilla como revolucionaria: la libertad mal entendida nos está dejando más solos que nunca. Y que en esa soledad, disfrazada de independencia, muchos jóvenes están perdiendo la capacidad más honda y más humana de todas: amar de verdad.

La soledad que no libera

María comenzó con un dato inquietante. Hoy hay 100 millones de personas más sin pareja que en 2017. El Washington Post asegura que cada segundo se rompe una pareja. Todo podría parecer fruto del azar, del infortunio, pero no es así: el 62% de las mujeres encuestadas afirman querer estar solas toda la vida. Quieren su tiempo, su espacio, su libertad.

Maria Calvo en el Colegio Mayor Santillana

Y, sin embargo, junto a esta soledad voluntaria aparece otro fenómeno silencioso: la «tristeza de la mujer de éxito», o esa «depresión del éxito» que afecta a personas brillantísimas, hiperformadas, viajeras, admiradas… pero profundamente rotas por dentro. Rostros perfectos en redes, vidas fragmentadas por dentro.

María lanzó entonces una pregunta que flotó en el aire como un eco incómodo:
¿Esta soledad buscada… realmente nos hace libres?

Ella misma confesó que quiso estar sola en su adolescencia. Sola, no para crecer, sino para «desparramar», como dijo con humor. Y descubrió pronto que la soledad sin raíces no ordena: desordena. Que la libertad absoluta no proporciona aire: ahoga.

«El hielo es muy fino —explicó— y cuando el hielo es fino, solo puedes patinar muy rápido porque si no, el hielo se rompe».
Por eso vivimos así: a gran velocidad, en superficie, llenando el tiempo de ruido porque si paramos, nos hundimos.

La mutación del ser humano

Para ella, el problema es más profundo que un cambio cultural: es una mutación antropológica. El ser humano está negando sus tres dimensiones esenciales:

  • La física, porque hemos roto los puentes y las diferencias entre los sexos.

  • La intelectual, porque dejamos que el deseo sea ley y la emoción desplace a la razón.

  • La espiritual, porque cuando Dios desaparece… todo parece permitido.

El resultado: no sabemos amar. El deseo sexual ha sido sublimado, el amor diluido, y el matrimonio reducido a un relato de sacrificio y renuncia, cuando debería ser —según María— una de las realidades más luminosas de la existencia.

«Los matrimonios no hemos sabido mostrar la belleza del amor», lamentó. «Hemos dejado que los jóvenes vean el compromiso como una cárcel, cuando es el lugar de la verdadera libertad».

El orden olvidado

Para reconstruir el amor, María recurrió al Cantar de los Cantares, donde Salomón explica que el amor humano se sostiene sobre tres pilares inseparables y en un orden muy concreto:

  1. Amistad.

  2. Compromiso.

  3. Sexualidad.

Pero hoy lo hacemos al revés. Empezamos por el final, sin raíces, sin historias compartidas, sin intimidad verdadera. Y, como empezamos por el cuerpo, nunca llegamos al alma.

1. Amistad: el arte de conocer y conocerse

Aquí María fue especialmente luminosa. En el noviazgo —decía— hay que contarlo y observar todo, no para juzgar ni para idealizar, sino para ver al otro con ojos limpios. Para descubrir su esencia, no para buscar un suplemento emocional.

«No busquéis a nadie que os complete», repitió varias veces. «Buscad a alguien que no os necesite para nada, pero que os quiera para todo».

Y advirtió algo esencial que resonó en la sala: Las parejas fracasan porque ninguno de ellos se conoce a sí mismo. Solo ofrecemos la parte bonita y escondemos la parte oscura. Esa parte que, si no la conocemos, termina dominándonos.

Conocerse es descender al fondo, es «navegar mar adentro», es sacar las redes y encontrar lo que preferiríamos no ver… para poder abrazarlo y aceptarlo.

2. Compromiso: el amor que empieza cuando cuesta

El segundo pilar es el más malentendido. Para María, el compromiso no es la cárcel del amor: es su escalera. Es lo que permite que el sentimiento cambie sin que la historia se rompa.

«El día que tu pareja es un cretino —dijo con ironía— ese día empieza el compromiso».

No huyes, no te vas, te quedas para reconstruir. Y en ese quedarse, en ese insistir, en ese hacer cosas de enamorado cuando menos apetece, es donde se forja el amor verdadero.

El matrimonio, explicó, es un rito público que nos desconecta de la familia de origen y nos une para siempre a otra persona. Es un acto civil o religioso, pero siempre un acto de identidad: «tú eres mi primero».

3. Sexualidad: el cielo en la tierra

Finalmente, habló de la sexualidad como la plenitud espiritual del cuerpo. No un impulso, no un desahogo, no una necesidad biológica: una unión de intimidades. Un altar. Cada sexo llega por caminos distintos —la mujer por el oído y el corazón; el hombre por la vista y el cuerpo—, y entender esto es clave para una vida sexual sana y luminosa. Si invertimos el orden, lo que queda es una unión mamífera, sin alma, sin plenitud… y sin libertad.

«No es sexo. Es amor», concluyó. 

Recuperar el amor humano

La intervención de María Calvo fue, en definitiva, un viaje hacia algo que todos intuimos pero que a veces olvidamos: que la libertad no es estar solo, que el amor no es sentimiento, que la plenitud no es velocidad, y que el cuerpo sin alma no llena, sino que cansa.

Gracias, María, por recordarnos —con tanta valentía— que en tiempos de sexo, hablar de amor es una revolución necesaria. Que elegir amar es elegir crecer. Y que, quizás, la verdadera libertad esté precisamente ahí:

  • En una vida compartida; no perfecta, pero sí plena.
  • En un amor que construye, que ordena, que sostiene.
  • En ser capaces de decir, algún día, de verdad:

«Donde estabas tú… ahí estaba mi paraíso».

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

María Calvo
Amor en tiempos de sexo

Escritora y conferenciante
Investigadora del ser humano; varón y mujer

Sobre ella:
Jurista y profesora universitaria, combina la docencia con una intensa labor de divulgación sobre familia, educación y antropología de la diferencia sexual. Doctora en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid, donde es profesora titular de Derecho Administrativo, ha sido investigadora visitante en las universidades de Harvard y William & Mary (EE. UU.). Es una de las principales voces en defensa de la educación diferenciada. Autora de varios ensayos sobre libertad de enseñanza y desarrollo personal, colabora habitualmente en medios como ABC, El Mundo o El Confidencial, con una mirada humanista y crítica sobre la cultura contemporánea.

20 de noviembre de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ® 

Alberto Fadón

Alberto Fadón

Alberto Fadón Duarte, poeta reaccionario

Escritor | Intelectual de la literatura española

«La poesía como escuela de virtudes»

El redescubrimiento del asombro a través de la palabra

Alberto Fadón Duarte, poeta y joven autor del libro Príncipes y principios, visitó, el pasado jueves 27 de noviembre, el Colegio Mayor Santillana dentro del programa Héroe® de excelencia personal para recordarnos algo que, en la vida acelerada de hoy, solemos olvidar: que la poesía sirve, ante todo, para educar la mirada. «Hemos perdido la capacidad de asombro», afirmaba, «y la poesía es una escuela de virtudes que nos devuelve esa mirada agradecida ante lo real».

Alberto Fadón en el Colegio Mayor Santillana

Le preguntamos qué palabras le vienen a la cabeza cuando piensa en poesía, y confesó que, para él, la palabra clave es sorpresa. Desde el Siglo de Oro hasta nuestros días, el ingenio ha sido uno de los grandes motores del verso: divertir, enseñar, criticar, celebrar… Todo cabe en el poema, todos los tonos, todos los temas —incluso la publicidad, decía entre risas— porque la poesía es una red que intenta atrapar un instante de vida.

Leer para comprenderse

Alberto compartió cómo la poesía no sólo le enseñó a escribir, sino a entenderse. Comenzó a leer para descubrir su personalidad, su vocación, sus heridas. «La poesía me ayudó a ver que no era el único incomprendido», contaba; otros antes que él habían sentido lo mismo, y eso le aportó consuelo y dirección. La palabra escrita se convirtió así en una forma de ordenar sus emociones, de reconocer que hay vivencias que necesitan silencio… y otras  verso.

El amor tuvo un papel decisivo en esa transformación creativa. Cuando conoció a la que es hoy su pareja, su escritura tomó un nuevo rumbo: quiso inmortalizar momentos, elevar lo cotidiano, convertir la realidad en algo más grande. Y de ahí nació su libro.

«La poesía y el amor están estrechamente unidos —admitía— porque uno escribe para comprender lo que siente, y para agradecerlo».

«Yo, poeta reaccionario»

Entre risas, Alberto explicó por qué se define poeta reaccionario. Estaba cansado de cierto ambiente universitario —«del progresismo obligatorio», decía con ironía— y decidió escribir un poema que fuera, literalmente, a la contra. «Yo, poeta reaccionario» no nació para provocar, sino para tener gracia, para molestar un poco, para recordarnos que también en la literatura existe el derecho a no seguir la corriente.

Ese espíritu crítico también aparece en sus poemas más humorísticos, donde se ríe del postureo juvenil que él mismo asumió en su día. Pero junto a la sátira, conviven la ternura, el asombro y la alegría. Citando a Concha Velasco, repetía: «Hemos nacido para la alegría». Y su poesía, en cualquiera de sus formas, intenta recordarlo.

La poesía como disciplina interior

En un encuentro muy cercano, los colegiales le preguntaron por su proceso creativo.

¿Cuánto tardas en escribir un poema? «A veces sale rápido… pero lo normal es que ocupe varios días dando vueltas a una idea hasta que, de pronto, me absorbe durante horas». También le preguntaron si sirve para conquistar a alguien: «Puede ayudar, pero hace falta más suerte que talento», respondió entre aplausos.

Sobre el aprendizaje poético, insistió en una idea clara: para escribir bien hay que leer bien.

«Leer poesía, leer poesía y leer poesía», repetía. Interiorizar a los grandes, imitar, equivocarse, corregir… hasta que un día surge lo que todo poeta busca: su propia voz. Ese momento en el que alguien, al leer un texto, reconoce que es tuyo. Ese sello personal que, según Alberto, es lo que cualquier autor debería anhelar.

¿Todo cabe en un poema?

Hablamos también de si se puede hacer poesía del horror, si cualquiera puede escribir poesía y si es posible enseñar a leerla. Para él, la respuesta pasa por la mirada: la poesía enseña a detenerse, a fijarse, a no volver a ver la realidad de la misma forma. Después de leer un buen poema, algo en nosotros cambia; somos otros, aunque sea ligeramente.

Gracias a esta nueva sesión del programa Héroe®, los colegiales descubrieron no solo a un poeta, sino a un joven que ha hecho de la palabra una forma de vivir más atentos y agradecidos. Una invitación a recuperar el asombro, a mirar con más profundidad y a encontrar en la poesía un lugar donde comprender y comprenderse.

Muchas gracias, Alberto, por tu alegría, por tu ingenio y por recordarnos que mirar mejor también es una forma de vivir mejor. Ojalá sepamos detenernos, escuchar la realidad con calma y quizá, quién sabe, atrapar algún instante en forma de poema. Porque solo así podremos seguir construyéndonos como auténticos héroes capaces de transformar el mundo con una palabra justa, una mirada atenta y un corazón que sabe agradecer.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Alberto Fadón Duarte, poeta reaccionario

Escritor | Intelectual de la literatura española

Sobre él:
Poeta e investigador salmantino, combina la creación literaria con la investigación universitaria en el ámbito de la poesía española del Siglo de Oro. Graduado en Literatura General y Comparada y doctorando en Literatura Española por la Universidad Complutense de Madrid, ejerce como investigador FPU en su Departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía. Con un profundo dominio del ritmo y la métrica clásica, ha editado textos de Lope de Vega y publicado diversos estudios sobre la tradición barroca. En 2024 debutó como autor con su primer poemario, Príncipes y principios.

27 de noviembre de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ® 

Jerónimo José Martin

Jerónimo José Martin

Jerónimo J. Martín
«De Barbie a las guerreras k-pop» Nuevas miradas del cine actual

El cine como espejo de la sociedad
Jerónimo J. Martín visitó el Colegio Mayor Santillana el pasado jueves 30 de octubre dentro del programa de excelencia personal HÉROE®, para hablar del papel del cine en la cultura contemporánea. Crítico en COPE y TRECE TV, profesor universitario y presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), Jero —como todos le llaman— nos ofreció una charla vibrante, llena de anécdotas y pasión por el séptimo arte.

Jerónimo con amigos y amigas del CM Santillana

Entre historias de rodajes, encuentros con actores y curiosidades del entorno audiovisual, fue desgranando una idea poderosa: el cine no solo entretiene, sino que forma conciencias, transmite valores y refleja los grandes cambios sociales de cada época. Lo saben bien los tiranos —recordó—, que siempre han encontrado en él un poderoso instrumento de influencia, pero también lo sabe la Iglesia, que desde Don Bosco intuyó su capacidad de evangelizar a través de la imagen.

El lenguaje audiovisual que no se enseña
Jero lamentó que el lenguaje audiovisual siga sin ocupar el lugar que merece en la educación. «Nos enseñan a leer y escribir, pero no a interpretar imágenes», comentó, subrayando que sin esa formación somos sensiblemente más vulnerables a la manipulación. Como profesor de Cine y Moda en la Universidad Villanueva, reivindica el valor del vestuario como un lenguaje en sí mismo, cargado de significado e intención narrativa.

También defendió la vigencia del cine actual, a menudo criticado por su aparente superficialidad. Para él, películas como Barbie o el fenómeno de las «guerreras k-pop» son, en realidad, relatos profundamente existenciales, que hablan de fragilidad, búsqueda de sentido y redescubrimiento personal. «Estamos viendo una generación menos ideológica y más sedienta de verdad», afirmó, convencido de que muchos jóvenes están volviendo a plantearse preguntas esenciales sobre la vida y la trascendencia.

El arte de contar y escuchar historias
A lo largo de la sesión, Jerónimo compartió su experiencia entrevistando a grandes nombres del cine. Explicó que las entrevistas más breves —de apenas siete minutos— exigen la mayor preparación, porque en ese margen hay que ganarse la confianza del actor y lograr que diga algo auténtico. «El secreto está en escuchar, no en impresionar», confesó con una sonrisa.

Entre anécdotas con Alfredo Landa, Garci o Harrison Ford, fue dejando un mensaje de fondo: el cine sigue siendo un lugar de encuentro entre lo humano y lo simbólico, entre la emoción y la verdad. «Un buen actor no interpreta —encarna—», decía, recordando que el gran desafío del arte no es caricaturizar, sino mostrar personajes de carne y hueso, capaces de reflejar nuestras propias luces y sombras.

Una mirada humanista al séptimo arte
Jero cerró su intervención con una defensa apasionada del cine como un lenguaje total, capaz de unir música, imagen, palabra y emoción. Para él, sigue siendo una de las formas más potentes de conocimiento y de transmisión cultural.
«Después de la familia, los medios audiovisuales son los primeros formadores de conciencia», concluyó. Por eso —aseguró— merece la pena seguir entrando en las salas, porque allí, en la oscuridad compartida, sigue habiendo algo de sagrado: el encuentro con la verdad a través de la belleza.

Muchas gracias Jero, por arrojar tanta luz y aportarnos tanto en nuestro camino para convertirnos en unos auténticos Héroes de vida, no de película. Aunque pensándolo mejor, quizá, en un futuro, alguien cuente una historia sobre alguno de nosotros a través del cine. ¡Quién sabe!

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Jerónimo J. Martín
«De Barbie a las guerreras k-pop» Nuevas miradas del cine actual

Crítico de cine en COPE y 13TV

Sobre él:

Crítico y profesor de cine, combina la docencia universitaria con una amplia trayectoria en medios como COPE, TRECE TV y diversas publicaciones especializadas. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, preside desde 1999 el Círculo de Escritores Cinematográficos y ha impulsado el estudio del vínculo entre cine, moda y sociedad. Autor y coautor de numerosos ensayos sobre historia y crítica cinematográfica, ha recibido el Premio Nacional a la Promoción en la Industria de la Moda (2020) y el Premio CinemaNet a la Trayectoria Humanística (2018), destacando por su mirada cultural y humanista sobre el séptimo arte.

30 de octubre de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ® 

Marta Romo

Marta Romo

Marta Romo
«Hiperdesconexión: más conectados [y solos] que nunca»

El pasado jueves 23 de octubre, el Colegio Mayor Santillana acogió un nuevo encuentro del programa HÉROE® de excelencia personal con Marta Romo Vega, CEO de BeUp y experta en neurociencia cognitiva. Bajo el título «Hiperdesconexión: más conectados (y solos) que nunca», Marta compartió un testimonio profundamente humano y valiente, nacido —como ella misma confesó— de una necesidad vital: la de comprender y sanar su propia historia.

La vida que nos detiene

Marta Romo en el CM Santillana

Autora de varios libros, Marta explicó que este último ha sido distinto a los anteriores: Hiperdesconexión no nació de la inspiración, sino de una sacudida. Una sucesión de acontecimientos personales la obligó a detenerse. En marzo de 2023, su madre fue diagnosticada con un cáncer terminal; poco después, a su hermana le detectaron otro, esta vez con esperanza de curación. Y todo ello con el recuerdo aún vivo de la pérdida de su hermano en 2016 por un cáncer fulminante.

«La vida me paró en seco», confesó, intentando contener la emoción. Empresaria inquieta, acostumbrada a emprender proyectos sin descanso —desde un quiosco de helados hasta una consultora—, descubrió entonces que la hiperactividad puede ser, en realidad, una forma de huida. «Hacemos mucho para no pensar», dijo. Al cuidar a su madre en casa, acompañada de su familia hasta el fallecimiento, comprendió que esa experiencia, tan dolorosa como luminosa, la estaba reconectando con lo esencial.

Reconectarse para vivir

A partir de ahí, Marta se preguntó por qué vivimos tan cansados, tan saturados, tan desconectados de nosotros mismos. «Cuando nos conectamos a un dispositivo, nos desconectamos del mundo», afirmaba con firmeza. No se trata de demonizar la tecnología, sino de mirar más adentro: ¿qué vacío intentamos llenar cada vez que deslizamos el dedo por la pantalla?

Frente a los acrónimos que definen nuestra época —del mundo VUCA al mundo BANI—, Marta propuso uno nuevo: el mundo SISISI: marcado por la Superficialidad – Inmediatez, Sensibilidad – Irreflexión y Sobrecarga – Inactividad.

Y eso, advirtió, tiene consecuencias visibles: deterioro de la atención, de la memoria, de las relaciones humanas y hasta de la postura corporal. «Nuestro cuerpo adopta, con demasiada frecuencia, la postura del esclavo: cabeza gacha, mirada hacia abajo, cuerpo en sumisión».

Recuperar la atención, recuperar la libertad

Los datos son claros: en 2004 cambiábamos de tarea cada dos minutos y medio; en 2021, cada cuarenta y siete segundos. Pero Marta lanzó un mensaje esperanzador: podemos liderar nuestra atención. Las distracciones, dijo, no son el enemigo, sino un mensaje del cuerpo que pide algo: descanso, motivación, sentido. «El mero hecho de reconocer lo que necesitamos ya diluye la distracción», explicó.

De ahí su invitación a transformar la distracción en tracción: todo lo que hacemos, o nos acerca o nos aleja de nuestro propósito. Recuperar la atención es, en el fondo, recuperar la libertad.

El poder de la lentitud

El camino de Marta Romo hacia la reconexión ha sido, sobre todo, un proceso sustractivo. De vaciar la agenda de todo lo innecesario, de aprender a parar sin sentirse culpable. «El tiempo que nos ahorra la tecnología deberíamos invertirlo en ser más humanos», subrayó.

Y, por si todo esto sonara demasiado filosófico, terminó con un gesto sencillo y profundamente transformador: «Podemos empezar por preguntarle a nuestro compañero en el desayuno… ¿qué tal estás?».

Un recordatorio luminoso de que la verdadera conexión no se mide en likes, sino en miradas. Gracias, Marta, por recordarnos que detenerse no es perder el tiempo, sino ganarlo para vivir con plenitud, atención y humanidad y ser unos auténticos Héroes que volvamos a conectar con lo realmente importante.

Héctor Trinidad

Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ

Marta Romo
«Hiperdesconexión: más conectados [y solos] que nunca»

CEO de BeUp | Experta en neurociencia cognitiva

Sobre ella:

Pedagoga y especialista en neurociencia aplicada al liderazgo y la creatividad, investiga cómo el cerebro responde a los desafíos de una vida hiperconectada. Formada en la Universidad Complutense y en la Universidad de Chicago, combina una base científica sólida con una visión práctica sobre el bienestar, la atención y las relaciones humanas. Socia-directora de Be-Up y fundadora de Neuroclick, impulsa proyectos que ayudan a liderar y convivir mejor en un mundo saturado de estímulos. Autora de “La mujer líder” y coautora de varios títulos sobre coaching y trabajo en equipo, promueve un liderazgo más humano, consciente y equilibrado.

23 de octubre de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA

C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®