Seydu Zachariah
Niños rotos de Sierra Leona
La creatividad como salvavidas; infancia, exilio y música para reconstruir la esperanza.
Seydu comenzó su sesión del programa HÉROE®, el pasado jueves 15 de enero de 2026, de una manera inesperada: cantando.
Sonriente, agradecido, y con una cercanía sorprendente, rompió desde el primer minuto cualquier distancia con los colegiales. Era la primera vez que muchos veían algo así en una sesión HÉROE®, y no fue casual. Para Seydu, la música no es un adorno: es memoria, es identidad, y es supervivencia.
Nacido en Freetown, una ciudad creada para acoger a esclavos liberados tras la abolición de la esclavitud. Seydu quiso comenzar recordando algo esencial: la libertad es frágil y hay que cuidarla. Sierra Leona —insistía— es un país herido, pero hermoso, que lucha por no volver a perder lo que tanto costó conquistar, la libertad.
Una infancia sin infancia
Su relato nos trasladó a una niñez marcada por la escasez. Caminar varios kilómetros cada día para ir a la escuela a aprender, bajo un árbol, con un maestro que había combatido en la Segunda Guerra Mundial y les enseñaba el poco inglés que había adquirido de sus antiguos amos. Comer no era algo que estuviera asegurado; en casa no había nada, así es que se ingería lo que se encontraba por el camino de vuelta de la escuela. Subir a los árboles para llevarse algo a la boca era parte de lo cotidiano.
A los once años, casi jugando, su vida dio un giro radical. Junto a dos amigos mayores, accedió a un barco escalando por el ancla con la ilusión de llegar a Las Palmas de Gran Canaria. Su sueño era tan simple como enorme: estudiar. En Sierra Leona, explicaba, solo estudiaban ricos, los hijos de los políticos. Ellos no tenían futuro allí.
Antes de que el barco zarpara, sus compañeros se lanzaron al mar, pero no Seydu, que no sabía nadar. El ancla levó, la oscuridad lo envolvió y quedó atrapado en la proa, sin agua, bajo un sol abrasador que calentaba intensamente su habitáculo. Durante días estuvo allí, deshidratándose, hasta que un contramaestre lo descubrió por casualidad.
La conciencia de un capitán
El capitán fue claro: lo habitual con un polizón era arrojarlo al mar. Él mismo era la máxima autoridad del buque y debía responder ante aduanas. Pero no lo hizo. Tenía hijos de su edad y no podía vivir con esa decisión. Le ofreció una alternativa: trabajar como un tripulante más.
Así, Seydu se convirtió en camarero, limpiador y ayudante del cocinero Pepe. Trabajaba todo el día. En su primer puerto, le dieron diez dólares. Se compró un radiocassette. La música volvió a aparecer. Bailaba en cubierta y la tripulación bailaba con él. La alegría entró en el barco.
Cuando llegaron a Gran Canaria, el capitán le dio doscientos dólares y una última instrucción: «Dijiste que querías estudiar. No lo olvides».
Vivir sin papeles, vivir sin nada
Seydu vagó por las calles sin idioma, sin contactos, sin saber por dónde empezar. Descubrió que, si quería estudiar, debía ir a Madrid. Un desconocido le compró el billete y le dio unas pocas pesetas. No tenía pasaporte. No tenía estudios.
Madrid fue frío, literal y simbólicamente. Vivió en el metro, en el Retiro, en la calle. Conoció conventos, parroquias, y guardó colas para poder acceder a un bocadillo. Durante más de siete años fue un sinhogar más. El único extranjero entre muchos jóvenes españoles que también habían terminado allí por rebeldía o abandono.
Pero cada día se acercaba al conservatorio. Esperaba en la puerta. Una semana. Diez días. Hasta que el director le preguntó qué hacía allí. Quiero estudiar. Finalmente, le dejó pasar. Le dio una silla, y le pidió una sola cosa: que estuviera allí cada mañana a las ocho.
La música abre caminos
Estudió, practicó, tocó instrumentos improvisados, fabricados con lo que encontraba. Tocaba en la calle. Hasta que un día, en El Retiro, dos hombres se detuvieron a escucharle. Eran Raimundo Amador y Kiko Veneno. Lo invitaron a comer. Le propusieron una actuación en televisión. Se lo llevaron a Sevilla.
Vinieron los discos, las giras, cientos de conciertos. Seydu se convirtió en percusionista, recorrió España y conoció a artistas como Alejandro Sanz o Stevie Wonder. Pero nunca olvidó de dónde venía.
Devolver lo recibido
Por eso creó Diamond Child, una escuela en Sierra Leona en la que hoy estudian más de 700 jóvenes: niños de la calle, excombatientes, víctimas de una guerra donde muchos crecieron con un kalashnikov en las manos. Un lugar especialmente necesario para niñas y mujeres, que sufrieron una violencia extrema.
Sierra Leona, decía, es un país que lucha por salir adelante. Y Diamond Child es un espacio donde los jóvenes reciben algo más que educación: reciben amor, dignidad y futuro.
Crear para sobrevivir

«Una de las mejores cosas que tenemos los seres humanos es la creatividad».
La creatividad como refugio. Como salida. Como forma de resistir cuando todo falla.
Gracias a esta sesión del programa HÉROE®, los colegiales no escucharon solo una historia extraordinaria, sino una lección profunda sobre la dignidad humana, la perseverancia y el poder transformador del talento cuando se pone al servicio de los demás.
Gracias, Seydu, por tu música, por tu verdad y por recordarnos que incluso en la oscuridad más cerrada, siempre puede aparecer una canción que nos devuelva la luz.
Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ
Seydu Zachariah
Niños rotos de Sierra Leona
Músico y fundador de Diamond Child School
Sobre él:
Anthony Seydu Zachariah Jalloh es músico sierraleonés y único exponente de la palm wine music, tradición sonora del África Occidental vinculada al vino de palma. Nacido en Freetown, se formó en Bellas Artes y música en Sierra Leona y Londres. Fue miembro de la National Dance Troupe y colaboró con artistas como Fela Kuti, Youssou N’Dour o Manu Dibango. Reside en Madrid desde 1988, donde ha trabajado con músicos como Serrat o Alejandro Sanz y ha publicado los álbumes Freetown (1998), Diamond Tears (2001) y Sadaka (The Gift) (2016) En 2004 fundó la ONG Diamond Child School of Arts and Culture, desde la que impulsa una escuela-taller de arte en Freetown.
15 de enero de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA
C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
Programa de excelencia personal HÉROE ®







