Óscar González, filósofo e historiador
«Evitar otro Auschwitz»
El pasado jueves 10 de abril, el Colegio Mayor Santillana volvió a convertir su sala de estar en un espacio para cuestionarnos la realidad y agitar nuestras conciencias. Dentro del programa Héroe®, recibimos a Óscar González, profesor y divulgador apasionado por la historia contemporánea, que nos planteó una pregunta tan simple como demoledora: «¿Por qué estudiar las guerras?» Su respuesta, aún resuena en las paredes de la sala de estar de Santillana: «Porque amo profundamente la paz. Y porque el escándalo más abrumador que he descubierto en la condición humana sigue llamándose Auschwitz».
Del amor a la paz al horror de la guerra
Óscar nos invitó a viajar al siglo XX, a la época más oscura que conoció Europa. Puso sobre la mesa la tragedia de Polonia en 1939, invadida a la vez por la Alemania nazi y la URSS. Ambos regímenes coincidieron en el propósito: borrar al país del mapa, desmantelando su tejido intelectual, religioso y cultural.
- El plan nazi: eliminación sistemática de las élites —intelectuales, oficiales, banqueros, sacerdotes— y germanización de las ciudades, cuyos nombres fueron retorcidos hasta sonar «adecuadamente» alemanes.
- El plan soviético: el silencioso vaciado de la identidad, un dominio que se cerraría tras el muro de la posguerra.
Frente a los números, Óscar nos pidió que nos detuviéramos en los nombres, en las vidas. Y para encarnarlo eligió la figura de Witold Pilecki, quizá el ejemplo más estremecedor de valentía y entrega que nos dejó la contienda.
Witold Pilecki: infiltrarse en el infierno
Pilecki no fue arrestado por accidente: se dejó capturar. Sabía que, para que el mundo creyera los rumores sobre los campos, necesitaba un testigo. Su destino: Auschwitz. Tras un transporte de sesenta personas hacinadas en un vagón de mercancías, comenzó una pesadilla de 947 días que Óscar relató con un estilo tan impecable, como su crudeza:
- Llegada nocturna y disparos aleatorios «para enseñar» la nueva norma: «Por cada fuga, diez morirán».
- El tatuaje 4589 grabado en el antebrazo, las tres fotografías de registro, y el triángulo rojo de prisionero político.
- Barracones con doscientas personas durmiendo amontonadas, recuentos al alba a temperaturas bajo cero, trabajos extenuantes cuyo único fin era matar lentamente.
- La «enfermería», lugar donde la enfermedad se trataba con una inyección de fenol: utilidad cero, vida cero.
- La Navidad en la que los SS decoraron un abeto con cuerpos de prisioneros judíos: el símbolo definitivo de la deshumanización.
En medio de aquel sistema de terror, Pilecki organizó una red clandestina. Sus informes cruzaron el campo, llegaron a Suecia y posteriormente a los gobiernos británico y estadounidense. Pero ni Churchill ni Roosevelt se sintieron capaces —o dispuestos— a protagonizar una misión de rescate. Mientras tanto, en la casa contigua al perímetro, se oía reír a los hijos de los oficiales alemanes jugando con sus familias. ¿Cómo soportar semejante contraste?
Cuando Pilecki contempló a un niño de diez años a punto de morir y no tuvo humanidad para mirarle a los ojos, decidió huir. Lo consiguió, luchó con la resistencia polaca y volvió a ser arrestado, y liberado por los estadounidenses. Pero ahí comenzó otra etapa, el autoritarismo soviético, a la que también se enfrentó. Fue entonces cuando fue nuevamente arrestado, juzgado y ahorcado en 1948. Sobrevivió a los nazis, pero no al nuevo totalitarismo.
Educar demócratas para no repetir la historia
Para Óscar, la educación es la primera trinchera: «El objetivo de cualquier programa formativo —por encima de calificaciones y currículos— es evitar otro Auschwitz». No bastan los datos; necesitamos forjar demócratas capaces de reconocer el germen del autoritarismo y frenarlo antes de que enraíce.
- Empatía activa: la capacidad de sentir el dolor ajeno y reaccionar.
- Memoria crítica: no basta recordar, hay que comprender cómo ciudadanos de a pie terminaron perdiendo la sensibilidad y colaboraron con el horror.
- Propósito vital: Pilecki resistió porque su sufrimiento tenía un sentido. Cuando la desesperación se vacía de significado, se vuelve insoportable.
Óscar nos dejó una máxima imprescindible: «En un mundo complejo, el demócrata debe imponerse al autoritario. No por fuerza, sino por convicción y vigilancia cívica».
La pregunta quedó flotando en el aire. Sí, si hacemos que sirva. Pilecki no pudo ver la caída del totalitarismo que soñaba, pero su testimonio quebró la incredulidad de la posguerra y alimentó la conciencia europea. Su ejemplo demuestra que el valor individual puede sembrar resistencia colectiva, aun cuando parezca inútil a corto plazo.
Óscar cerró la sesión con una invitación que resonó en todos nosotros: «Añadid propósito a vuestra vida. Elegid lo que estéis dispuestos a proteger, y defendedlo antes de que sea demasiado tarde». Solo así —insistió— evitaremos que el hombre vuelva a ser un lobo para el hombre.
Muchas gracias, Óscar, por tu testimonio, ojalá no seamos lobos, sino auténticos héroes con un gran propósito que nos ayude a construir un mundo mejor.
Héctor Trinidad
Colegio Mayor Santillana
@HectorTrinidadQ
Óscar González, filósofo e historiador
«Evitar otro Auschwitz»
Claves morales para el ciudadano del S. XXI
Sobre él:
Historiador, filósofo y profesor con más de 30 años de experiencia en la enseñanza de Historia y Filosofía en Educación Secundaria. Especialista en la II Guerra Mundial y la Guerra Civil española, ha publicado más de 50 libros en editoriales nacionales e internacionales, con traducciones a varios idiomas.
Desde 2011 es redactor jefe de la revista ARES y colabora con medios como El Mundo, La Razón y Der Deutsche Fallschirmjäger. Su método de investigación combina el análisis filosófico con entrevistas a veteranos y trabajo de campo en los escenarios de los conflictos, aportando una visión humana y profunda de la historia.
10 de abril de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA
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