Si en algo se ha notado que es un Camino de Santiago en una situación extraordinaria, es por la escasez de peregrinos. Resulta llamativo, en pleno mes de julio, ver la ciudad, donde reposan los restos del apóstol Santiago, casi vacías sin turistas.

 

Para hacer nuestra peregrinación, optamos por hacer el “Camino del Inglés” que va desde Ferrol hasta Santiago de Compostela. Esta ruta permite ir andando cerca de las rías y playas y a su vez meterse por el interior y disfrutar de la abundante vegetación. Este Camino, hasta Santiago, hace escala en Neda, Pontedeume, Betanzos, Bruma y Sigüeiro. Suelen ser pueblos pequeños de la costa gallega, a excepción de Bruma y Sigüeiro que se encuentran en el interior. Las pequeñas dimensiones de estos destinos permite a su llegada ver los monumentos y calles más emblemáticas y tomar algún refrigerio para recuperar fuerzas.

Llegando a Pontedeume

Debido a la situación, decidimos no ir a albergues y buscar otro tipo de alojamientos. Pasamos dos noches en la Asociación Juvenil Roiba, en Ferrol, otras dos noches en la parroquia de Santa Cruz diseñada por el arquitecto Miguel Fisac y donde tan amablemente nos acogió su párroco, y el resto de días en el Colegio Mayor La Estila.

 

Las vistas que nos fueron acompañando a lo largo del Camino, ayudaban a olvidarnos del cansancio y nos hacían más llevaderos los kilómetros. También, hay que remarcar que la complejidad y dureza se fue incrementando con el paso de las etapas, pero no hubo que lamentar ninguna baja. Otro dato a destacar es el fantástico tiempo del que hemos disfrutado, todos los días nos acompañó el sol y raro fue el que no se quemó o no cogió color. Incluso los propios del lugar estaban asombrados por el tiempo que estaban teniendo esos días.

 

Por suerte, no todo fue andar. Tuvimos tiempo para ir a pasar un día a las Islas Cíes, en pleno mar Atlántico cerca de Vigo. Allí pudimos disfrutar de esta isla paradisiaca y una de las grandes joyas de Galicia. De nuevo el sol nos acompañó, pero eso no evita que bañarse fuera misión casi imposible por las frías aguas de sus playas, aunque siempre hay alguno que parece no importarle la temperatura a la que se encuentre el mar.

Vuelta a Cangas tras visitar las Islas Cíes

El último día mezclamos cultura con diversión. Por la mañana, fuimos a unos karts acuáticos, donde quedó patente la destreza al volante en el agua de aquellos que están más en contacto con el mar. Mientras que por la tarde fuimos a visitar, por supuesto con mascarilla, el museo de arte moderno de la ciudad de Santiago, donde nuestro arquitecto, Arturo Peris, hizo todo lo posible para que entendiéramos algo de lo que había allí expuesto.

También hubo tiempo para pasear por la ciudad e incluso cenar un par de días en Casa Manolo, donde nos trataron estupendamente. Sin duda, una experiencia intensa y enriquecedora que no ha dejado indiferente a ninguno de los participantes.

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