La comisión de Cultura del Colegio Mayor Santillana organizó una escapada cultural a una de las exposiciones de Arte Contemporáneo más famosas del mundo, ARCO.

Las salas del IFEMA se han vestido de gala por para recibir nuevamente a la crema y nata de los creadores de vanguardia a nivel mundial. Tras 38 ediciones e innumerables presentaciones, premios y apretones de mano, ARCO se ha convertido en punto de referencia para el artista contemporáneo, agregando una luminaria más a la que ya de por sí es una ciudad cuna de las artes. Teniendo una oportunidad así tan cerca de casa, Santillana no ha podido quedarse fuera de la celebración.

Llegamos en la furgoneta a un aparcamiento que poco a poco empieza a llenarse. Algo somnolientos entramos a la nave sin imaginar la envergadura de lo que vamos a presenciar: un dédalo de stands que llegan hasta donde alcanza la vista, una marea de gente inundando cada pasillo, un coro de fichas técnicas dichas a la vez. Es un caos tan ecléctico como las obras que vamos a apreciar.

Guiados por los comentarios de Arturo, un regular de la feria, conforme nos adentramos en los pabellones la idea que tenemos de lo que es arte se vuelve cada vez más difusa. Desde clásicos como Picasso y Dalí hasta los nombres que apenas van abriéndose paso en el panorama, los trabajos expuestos difícilmente tienen punto en común. De lo minimalista a lo caricaturesco, del arte plástico al audiovisual, del óleo y la arcilla al tejido y el neón, aquí encontramos algo para todos los gustos.

En el mismo pasillo donde vemos una pared tapizada de ecuaciones de relatividad nos topamos con la exposición de los artistas invitados de Perú. El Miró vendido en 4 millones de euros está a unos cuantos metros de una estatua gigante del rey. Es una locura.

Pasan las horas y las sorpresas no terminan. Tras un merecido descanso para comer y una segunda y breve ronda por los stands, finalmente llegamos al punto en que, citando al padre Gregorio, “ya habíamos visto suficiente arte por hoy”. Cuando Arturo nos confiesa que apenas hemos recorrido la mitad de todo lo que había, la decisión queda tomada: es hora de volver a casa.

Sin duda, culturizarse es agotador, pero nunca terminas de saciarte del todo.

Autor: Ricardo Sebastián Nieto
Ingeniero Físico Industrial

Scroll Up