Alcohólicos anónimos
«C2H60; EL DRAGÓN CON NOMBRE Y APELLIDOS»
El pasado 13 de marzo recibimos la visita, dentro del programa Héroe®, de dos integrantes de la comunidad internacional Alcohólicos Anónimos. Escuchamos dos conmovedores testimonios que, con un relato sincero y directo, compartieron su experiencia de vida, sus luchas y el camino de esperanza que encontraron en la comunidad de personas, y que detallaremos por separado, ya que cada historia es digna de tratarse de manera independiente.
Testimonio 1: romper el silencio y empezar el cambio.
«La meta consiste en que, en estas 24 horas, no voy a beber”. Dicho así parece una tontería, afirmaba el primer testimonio, pero detrás de esta sencilla frase hay una historia de lucha, angustia y derrota.
Cuando era adolescente, estuvo entrenando en un centro de alto rendimiento, donde el único objetivo era ser el número uno: «Si eras el número dos, no eras nada, y, si eras el número tres, no existías».

su forma de huir de la realidad, porque, «llega a un punto en que odias la vida», afirmaba el invitado, quien huía hasta de su propia familia; tanto que se perdió más de quince años de la vida de sus hijas, aun viviendo en el mismo domicilio.
Su adicción le llevó a tener una doble vida, algo así como una segunda «familia» y mundo de mentiras que casi le lleva al suicidio. «No tenía nada, no tenía la capacidad de controlar nada».
Su esposa se vio obligada a provocar su salida del hogar, y eso hizo que tocara fondo: «Una sensación de derrota total». Fue entonces cuando mostró arrepentimiento, vulnerabilidad y pidió ayuda. Acudieron a Alcohólicos Anónimos y nos explicó que en su primera reunión sintió algo diferente: «Veía a gente que sonreía, que me miraba a los ojos, algo que un mentiroso compulsivo como yo, no podía hacer». Ese día marcó el inicio de su recuperación. Hoy, después de 24 años sin beber, afirma con orgullo que «el enano malicioso del alcohol se ha marchado».
Testimonio 2: la falsa normalidad.
«Hola, soy [NOMBRE] y soy alcohólica». Así comienzan todas las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Para el segundo testimonio, pronunciar esas palabras fue un proceso largo y doloroso.
Al principio, le era muy difícil asimilarlo. «¿Cómo iba a ser alcohólica si tenía familia y trabajo?», se preguntaba. La imagen de alcohólico que tenía en la cabeza era la de alguien sin hogar, con una vida desestructurada, muy alejada de lo que ella era.
Sin embargo, el alcohol se convirtió en algo imprescindible en su día a día y un día, su hija abrió los ojos tanto a su marido como a ella, cuando les dijo que los veía beber demasiado. Ahí fue cuando hicieron el propósito de dejar de beber. Su marido pudo dejarlo fácilmente, pero ella no.
Lo intentó muchas veces, prometiéndose a sí misma que «el próximo lunes lo dejo», pero nunca lo conseguía. Se levantaba por la noche y en lugar de tomar un vaso de agua se tomaba una copa de vino o pacharán.
«Un alcohólico es una persona que no quiere beber y bebe», fue la frase que utilizó para hacernos ver el problema. Su consumo la llevó a tener graves problemas físicos y de salud, desarrollando cirrosis hepática, una enfermedad mortal, ante la que su doctora le dijo categóricamente: «Si quieres vivir, tienes que dejar de beber».
Ella había oído hablar de Alcohólicos Anónimos y se dio cuenta de que era la ayuda que necesitaba. La primera vez que asistió a una reunión, todavía bebía, pero en ese espacio, rodeada de personas que entendían su lucha, sintió algo diferente: el sentimiento de la esperanza. El cambio no fue inmediato, ni mucho menos, hubo recaídas y momentos de duda. «En esa sala lloraba», confesó, y los veteranos del grupo le repetían: «no dejes de venir». Un día, tras la tormenta Filomena, se levantó con una decisión firme: «Hoy voy a llegar al grupo y voy a decir que no he bebido este día». Nos contaba que algo que ayuda mucho a recuperarte es escuchar a los demás contar cómo habían dejado de beber.
Nos explicó cómo, detrás de un alcohólico, hay un enfermo psíquico, emocional o espiritual. Terminó su exposición mostrándose eternamente agradecida con los veteranos de los centros, «la gratitud es la memoria del corazón, y los veteranos de los centros trabajan con ella».
Y es esa gratitud la que impulsa a seguir ayudando a quienes, como ellos, buscan escapar de un infierno en la tierra.
Una lección de vida
Ambos testimonios coinciden en que la recuperación no es solo dejar de beber, sino aprender a vivir de nuevo. «Disfrutad la vida, aprovechad cada minuto», fue el mensaje final que quisieron transmitirnos. No se trata de prohibiciones, sino de entender dónde está el límite entre el disfrute y la autodestrucción. Para ellos, la clave está en vivir construyendo un futuro libre de cadenas.
Sin duda alguna, tuvimos la suerte de asistir a una sesión muy inspiradora, que nos hizo reflexionar sobre la importancia de encontrar los límites, y saber diferenciar entre lo que nos hace bien y lo que nos hace mal. Nos hicieron ver que, aunque el camino esté lleno de tropiezos, la clave está en no rendirse para llegar a ser unos auténticos Héroes en nuestra vida. Muchas gracias por vuestra valentía y generosidad.
Javier Ruíz Arregui
Residente del Colegio Mayor Santillana
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13 de marzo de 2025
Sesión a las 21 h
COLEGIO MAYOR SANTILLANA
C/MARBELLA 60, 28034, MADRID
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